La historia de Crafter empezó lejos de Cipolletti, fue en un departamento de estudiantes en Buenos Aires con una pequeña olla de apenas 100 litros y las ganas de experimentar con cerveza. Era una actividad entre amigos que nunca se imaginaron que terminaría convirtiéndose en un emprendimiento que lleva 13 años de recorrido en el Alto Valle, con una clientela fiel y ganas de crecer impulsadas por la pasión.
«Empezamos haciendo cerveza en casa, como casi todo cervecero, en un departamento en Buenos Aires y después, cuando los dos decidimos volvernos de Buenos Aires al Valle, emprendimos el proyecto más serio y nos instalamos en la chacra de mi familia», recuerda Axel Tiemroth, fundador de Crafter junto a Osvaldo Buggiano.
El regreso al Alto Valle marcó el comienzo de otra etapa. Los socios decidieron apostar por un proyecto propio y dejar atrás sus trabajos en el ámbito corporativo. La primera fábrica funcionó durante 11 años en una chacra familiar, donde comenzaron a producir a una escala mucho más pequeña que la actual.
Fueron construyendo una marca que logró hacerse un lugar entre los consumidores de cerveza artesanal de la región y también llegar a otros puntos del país.
Durante esos primeros años, el crecimiento fue acompañado por una transformación del mercado. Crafter pasó de comercializar sus productos principalmente en barriles a ampliar su distribución y llegar a bares de Buenos Aires, el Gran Buenos Aires, Rosario y Córdoba.
Pero el camino no estuvo exento de dificultades. La pandemia fue uno de los momentos más complejos para el emprendimiento. Con los bares cerrados y las ventas habituales interrumpidas, tuvieron que encontrar otra manera de sostener el negocio.
La respuesta fue a la vieja escuela: «Enlatabamos y salíamos a repartir por el Alto Valle«, señala Buggiano. Fue una forma de mantener el vínculo con sus clientes y atravesar un período en el que la actividad cervecera había quedado prácticamente paralizada.
Ese momento también funcionó como un impulso para volver a pensar en el proyecto. El equipamiento que habían adquirido para ampliar la producción había quedado grande para la estructura que tenían en la chacra. Después de un tiempo de tenerlo prácticamente sin uso, decidieron ponerlo en marcha y dar un nuevo paso.
Nuevo hogar y expansión
Hace aproximadamente un año, Crafter trasladó su producción al Parque Industrial de Cipolletti. La mudanza implicó reorganizar el funcionamiento de la cervecería, incorporar equipamiento y pensar una planta preparada para trabajar a otra escala.
«Esta mudanza sí fue un cambio radical para nosotros», explica el fundador. La diferencia se nota especialmente en los equipos. La fábrica anterior tenía una capacidad de cocción de 1.000 litros por batch, mientras que la nueva cuenta con un sistema de 8.000 litros por cocción. La capacidad instalada mensual también creció: pasó de unos 60.000 litros a unos 100.000.
El nuevo espacio permite, además, organizar mejor los procesos, trabajar con distintos fermentadores y sumar herramientas que antes no tenían. La infraestructura fue pensada para mejorar las condiciones de elaboración y mantener un mayor control sobre cada etapa.
Esa diferencia se nota también en los tiempos de producción: no todas las variedades siguen el mismo recorrido, cada cerveza tiene sus propios tiempos y necesidades, por eso esta nueva dinamica permite planificar mejor las elaboraciones y acompañar cada proceso.
Mientras algunas cervezas pueden estar listas en pocas semanas, otras necesitan meses de maduración para desarrollar mayor complejidad. La nueva infraestructura también les permite encadenar distintas cocciones y trabajar con más comodidad.
“Tener un equipo más grande, producir mayor cantidad de litros, tener distintos fermentadores, una enlatadora, pasteurizadora… todo eso nos permite abrir el abanico de cervezas y tener mayor calidad”, explica Buggiano.
Pasteurización y mercado
Entre las inversiones recientes se destaca la incorporación de una línea de enlatado y pasteurización, una idea que surgió de la necesidad de reinvención. «El mercado te va llevando a la pasteurización. El problema que tenemos los cerveceros artesanales es el frío entonces pasteurizar te permite comercializarlo a las grandes superficies donde el almacenamiento generalmente no es en frío», explica.
La pasteurización, de todos modos, no se va a aplicar de manera indiscriminada. «Hemos hecho pruebas y depende del estilo. El lúpulo es enemigo del calor y de la oxidación entonces lo alteras mucho. Depende de la variedad», relata Buggiano. «La idea es pasteurizar los estilos que no son lupulados».
Para los fundadores de Crafter «el mayor desafío es que no se note la pasteurización». La inversión también está vinculada con una búsqueda de mayor regularidad en la producción. El objetivo es que una cerveza tenga las mismas características sin importar dónde se consuma.
“Lo que necesitamos hacer es seguir dándole la misma experiencia al consumidor y mejorarla”, sostiene. Y agrega: “Todo esto que estamos haciendo con todos esos procesos y todos los protocolos nos va a permitir hacer birras con la misma calidad».
Para el equipo, crecer en infraestructura no significa necesariamente dejar atrás aquello que los convirtió en una cervecería artesanal. Buggiano habla de un ingrediente especial que nunca puede faltar: la pasión. «Sin pasión no hay cervecería artesanal que resista».
Nuevos consumidores y cervezas sin alcohol
La evolución del público también llevó a la cervecería a ampliar su catálogo. A las variedades tradicionales, IPA, APA, Red Haze, Golden, Porter y más, se sumaron opciones sin alcohol: una Golden y una Session IPA, mientras trabajan en el desarrollo de una Red Haze sin alcohol.
La decisión…