Didier Deschamps, director técnico de la selección francesa, ha lanzado una sutil, pero inconfundible, presión sobre el arbitraje argentino en un momento clave del torneo. Al ser consultado sobre los jueces para la eliminatoria de hoy de su equipo contra Bélgica, Deschamps expresó su deseo de que los árbitros y sus asistentes estuvieran «a la altura» del francés Letexier, quien previamente dirigió «otro partido».
Ese «otro partido», que Deschamps eligió no mencionar, fue el enfrentamiento entre Argentina y Egipto. La designación de un referí francés para un encuentro que involucraba a la Albiceleste ya había generado cierta controversia, especialmente ante la expectativa generalizada de una posible final entre Argentina y Francia, consideradas las principales potencias del certamen.
La estrategia de Deschamps de influir en el arbitraje no resulta ajena en el ámbito futbolístico. Su planteamiento se extiende también a la situación del jugador Olise, para quien se ha solicitado la retirada de una tarjeta. Esta petición genera un claro paralelismo con el sonado caso Balogun, lo que invita a reflexionar sobre la coherencia en la aplicación de las normas.
Curiosamente, para la tranquilidad del técnico francés, la historia del arbitraje argentino en partidos clave de Francia ofrece un antecedente notable. Hoy se cumplen exactamente 20 años de una memorable actuación de Horacio Elizondo, quien, junto a su terna argentina, expulsó a Zinedine Zidane en la final del Mundial de Alemania 2006, disputada entre Francia e Italia.
Aquella fue una labor destacada por el equipo arbitral argentino. Si bien circuló una teoría francesa sobre una presunta ilegalidad en el procedimiento de expulsión, la versión oficial y ampliamente aceptada sostiene que el cuarto árbitro, de nacionalidad española, fue quien detectó la agresión de Zidane y alertó a uno de los asistentes de Elizondo. De ser así, el accionar fue completamente legítimo e incuestionable.
Facundo Tello y sus asistentes, quienes dirigen hoy un encuentro clave que involucra a la selección francesa frente a Marruecos, se encuentran ante el desafío no solo de arbitrar con imparcialidad y rigor, sino también de gestionar la presión explícita e implícita que los franceses intentan ejercer. Sin embargo, su experiencia en el arbitraje argentino, con la habitual intensidad que rodea cada encuentro, los dota de una preparación adecuada para afrontar este tipo de situaciones.
Cabe señalar que esta situación de potenciales tensiones podría haberse evitado si Pierluigi Collina, jefe de árbitros de la FIFA, hubiera actuado con mayor previsión y sentido común, absteniéndose de designar referís de nacionalidades «cruzadas» para partidos que involucran a potencias como Argentina y Francia en instancias tan avanzadas del torneo.
¿Nadie ha roto el hielo todavía?
Tu opinión es importante para nosotros. Sé la primera persona en dejar un comentario.
Empezar conversación ahora