La embajada de Estados Unidos en Cuba ha elevado sus advertencias a los ciudadanos estadounidenses durante la última semana, señalando un «aumento significativo» tanto de enfermedades diarreicas como de la delincuencia en la isla.
Estas alertas se difunden en un contexto de persistente política de máxima presión por parte de Washington hacia Cuba. Desde enero, la isla se encuentra bajo un bloqueo petrolero y una serie de sanciones que han exacerbado su crisis energética y económica. Esta situación ha llevado a un deterioro considerable de los servicios básicos para sus 9,4 millones de habitantes.
En un aviso reciente publicado en la red social X, la misión diplomática destacó: «La Embajada de los EEUU ha observado un aumento significativo de enfermedades diarreicas en toda Cuba, asociado al continuo deterioro de la infraestructura de agua y energía». Según la embajada, este deterioro «afecta el suministro de agua, así como el almacenamiento y el control de temperatura de los alimentos». Se han reportado casos de infecciones por bacterias como la Escherichia coli y la Shigella, además de otros patógenos gastrointestinales.
Una alerta emitida una semana antes ya había prevenido sobre «importantes desafíos para la salud y la seguridad» derivados de la escasez de agua y los frecuentes cortes de energía. La embajada atribuye directamente esta problemática a la «mala gestión de la infraestructura pública por parte del régimen» de La Habana, mientras que el gobierno cubano, a su vez, responsabiliza a Washington por la grave crisis que atraviesa el país.
Asimismo, en una tercera advertencia publicada hace tres días, la representación diplomática alertó sobre «un aumento notable de hurtos o robos al descuido» que afectan a «vehículos en toda La Habana». El comunicado enfatiza que «el deterioro de las condiciones económicas ha provocado un aumento generalizado de la delincuencia en Cuba».
Bajo un embargo económico de Estados Unidos desde 1962, Cuba enfrenta actualmente la peor crisis económica de su historia reciente. Este periodo se caracteriza por prolongados apagones, que en algunas zonas llegan a superar las 60 horas, una inflación creciente y la escasez crítica de alimentos y medicamentos.
Paralelamente a su política de máxima presión, Washington ha enviado cargamentos de ayuda humanitaria a la isla en los últimos meses. La distribución de esta asistencia se ha confiado a la iglesia católica, que históricamente ha fungido como mediadora entre ambos países.
¿Nadie ha roto el hielo todavía?
Tu opinión es importante para nosotros. Sé la primera persona en dejar un comentario.
Empezar conversación ahora