El Vaticano confirmó el diagnóstico de adenocarcinoma pulmonar en el papa León XIV, tras la intervención quirúrgica a la que fue sometido en el Policlínico Gemelli de Roma. Esta noticia pone en relieve la importancia vital de la detección temprana de esta enfermedad, una de las principales causas de mortalidad a nivel global.
Según explicó el médico oncólogo rionegrino Rubén Kowalyszyn, presidente de la Asociación Argentina de Oncología, la información disponible sugiere que el nódulo del Papa tenía menos de tres centímetros y era periférico. Estas características permitieron una cirugía directa, sin necesidad de una biopsia previa o un tratamiento no quirúrgico inicial.
Durante la intervención, se le extirpó un tercio del pulmón, específicamente un lóbulo completo. Kowalyszyn, quien también es director médico de Clínica Viedma y del Instituto Multidisciplinario de Oncología en Río Negro, señaló que este procedimiento implica un impacto por estrés quirúrgico, por lo que el Papa necesitará varios días de internación para recuperarse y descartar posibles complicaciones.
El informe patológico determinará el tamaño exacto del tumor y si existen ganglios linfáticos comprometidos. El especialista advirtió que un 10 a 20 por ciento de los casos presentan ganglios positivos, lo que modificaría el tratamiento posterior, requiriendo quimioterapia, medicación oral y análisis moleculares para identificar posibles alteraciones genéticas. Un tumor menor a un centímetro tiene una probabilidad de curación del 92%, mientras que uno mayor a cuatro centímetros con ganglios positivos reduce esta chance al 52%. Con los datos actuales, se asume que el Papa no necesitaría tratamiento adicional.
El adenocarcinoma representa entre el 70 y 80% de todos los cánceres de pulmón. Un 20% de estos casos puede aparecer en personas no fumadoras o exfumadoras. Factores como el tabaquismo pasivo o la contaminación ambiental también desempeñan un rol relevante en su desarrollo.
Ante este panorama, Kowalyszyn destacó la importancia del screening, una tomografía de baja dosis para el cáncer de pulmón, comparable a la mamografía para el cáncer de mama. Este estudio se recomienda anualmente para personas entre 50 y 75 años que dejaron de fumar en los últimos quince años o que son fumadoras y desean abandonar el hábito, demostrando ser efectivo en la curación de más pacientes.
Sin embargo, en Argentina, los programas de screening pulmonar no cuentan con la difusión necesaria. Muchos pacientes no solicitan el estudio y los médicos no suelen indicarlo, generando una falta de conocimiento sobre su eficacia, a pesar de estudios internacionales que confirman su capacidad para aumentar la probabilidad de curación de la enfermedad.
El médico neumonólogo Sergio Benítez, del hospital Ramón Carrillo y la Fundación Intecnus, agregó que el cáncer de pulmón en no fumadores está en crecimiento, aunque no está claro si esto se debe a un aumento real o a una mayor capacidad de diagnóstico. La mayoría de estos casos en no fumadores también son adenocarcinomas.
Benítez señaló otras exposiciones como factores de riesgo: el asbesto, el gas radón (radioactivo natural en la tierra, frecuente en algunas zonas de Estados Unidos y Europa) y los humos de cocina, particularmente en poblaciones como Taiwán, donde las mujeres no fumadoras desarrollan más cáncer de pulmón por la exposición prolongada a los vapores de aceites a alta temperatura al cocinar con wok.
Aunque el cáncer de pulmón es la tercera causa de cáncer a nivel mundial, es la primera causa de muerte por esta enfermedad, lo que subraya la importancia del diagnóstico precoz. Los programas de screening en poblaciones sanas de alto riesgo han demostrado reducir la mortalidad atribuible al cáncer en un 20%. Actualmente, Bariloche y Neuquén participan en programas nacionales de screening, aunque aún no dependen de la salud pública, y se planea una prueba piloto en Río Negro.
En cuanto a la salud del Papa y su gira prevista por Argentina, Uruguay y Perú en noviembre, Kowalyszyn desaconsejó el viaje. Explicó que, tras la extracción de un tercio del pulmón y el dolor en la zona torácica por los huesos intercostales, el viaje en avión podría generar complicaciones debido a la despresurización. La recomendación médica es evitar volar hasta 30 días después de la cirugía.