Los medicamentos agonistas del receptor GLP-1 han supuesto un antes y un después en el tratamiento de la obesidad y la diabetes tipo 2. Sin embargo, su creciente uso ha puesto en evidencia un fenómeno estético que preocupa a muchos: la llamada «Cara Ozempic», una consulta cada vez más frecuente en la medicina antienvejecimiento.
Este término popular se refiere a la percepción de un rostro más envejecido, cansado y con pérdida de volumen tras una bajada de peso rápida. La doctora María Alejandra Velandia, médica antienvejecimiento y especialista en procedimientos mínimamente invasivos con Máster en Láser y Sistemas Lumínicos de la Universidad de Barcelona, observa esta tendencia en su consulta.
“Muchos pacientes llegan satisfechos por haber reducido su peso corporal, pero les preocupa que su cara ya no refleje ese bienestar. Notan las mejillas más hundidas, las ojeras más marcadas y una apariencia de cansancio que antes no tenían”, explica la Dra. Velandia, quien también es speaker y mentora en su campo.
Aunque el nombre «Ozempic Face» se ha popularizado en redes, la Dra. Velandia aclara que no se trata de una enfermedad ni es exclusivo de un fármaco. Estos cambios faciales ocurren por una pérdida significativa y veloz de tejido adiposo, y pueden presentarse con cualquier agonista del receptor GLP-1, especialmente si se utilizan sin supervisión médica adecuada.
La evidencia científica indica que la reducción acelerada de la grasa facial explica gran parte de estas transformaciones. Aunque algunas investigaciones exploran el posible rol de los receptores GLP-1 en el tejido adiposo y su relación con procesos biológicos de la piel, aún no hay datos concluyentes que vinculen directamente estos medicamentos con el envejecimiento cutáneo.
“Perder peso no debería significar perder la armonía del rostro. Cuando el tratamiento está bien indicado y cuenta con un seguimiento adecuado, es posible cuidar tanto la salud metabólica como la apariencia facial”, asegura la especialista.
A esta situación se suma una alarma sanitaria: la comercialización de péptidos experimentales promocionados como soluciones rápidas para adelgazar. Diversas instituciones han advertido sobre la distribución fraudulenta de estos productos, incluso a través de gimnasios y redes sociales, careciendo de cualquier autorización.
Un caso de preocupación particular es la retatrutida, una molécula que sigue en investigación clínica y aún no tiene permiso para su venta en muchos países. Pese a ello, se ofrecen versiones no autorizadas al público como si fueran medicamentos seguros y aprobados.
“Cuando alguien adquiere estos productos fuera de los canales autorizados, no hay garantía alguna sobre su contenido real. El riesgo no es solo la falta de eficacia, sino la posibilidad de poner en serio peligro la salud”, enfatiza la Dra. Velandia.
La buena noticia es que, según la Dra. Velandia, el rostro sí puede recuperar su vitalidad, siempre que el tratamiento sea individualizado. Para ello, se emplean protocolos de bioestimulación con inductores de colágeno, que mejoran la calidad, firmeza y grosor de la piel. Estos se complementan con aplicaciones estratégicas de ácido hialurónico, que restituyen el volumen perdido de forma precisa, respetando las proporciones naturales del rostro.
“No buscamos transformar la cara del paciente. Nuestro objetivo es devolverle un aspecto descansado, saludable y armónico, sin excesos y respetando su anatomía”, subraya la experta.
Para la médica antienvejecimiento, el verdadero desafío no es frenar los avances médicos, sino fomentar un uso responsable de estos tratamientos. “Estamos presenciando una revolución en el manejo de la obesidad, pero ningún medicamento debería convertirse en una moda ni utilizarse sin una evaluación médica rigurosa. La salud siempre debe estar por encima de cualquier tendencia”, concluye la Dra. María Alejandra Velandia, cuya práctica se enfoca en el rejuvenecimiento facial basado en evidencia científica y resultados naturales.
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