Al regresar de las vacaciones, muchos experimentan una sensación de agotamiento que va más allá del cansancio físico. El calor, los cambios en los hábitos de sueño y la abrupta vuelta a la rutina laboral imponen una carga cognitiva significativa que el cerebro no siempre está listo para afrontar.
Francisco Martínez, un neurofisiólogo clínico con más de dos décadas de experiencia, detalla en una entrevista con La Voz de la Salud cómo el verano pone a prueba las capacidades del cerebro. Aclara que el cerebro no deja de funcionar con las altas temperaturas, pero mantener un rendimiento óptimo sí exige un esfuerzo adicional.
«Cuando hace mucho calor, el organismo debe destinar parte de sus recursos a mantener estable la temperatura interna», explica Martínez. «Aumenta el flujo sanguíneo hacia la piel, sudamos más y se activan diversos mecanismos cardiovasculares y autonómicos para disipar el calor». Este esfuerzo fisiológico, sumado a la deshidratación y a las interrupciones del sueño, genera una combinación que favorece el cansancio, la somnolencia y una menor tolerancia al esfuerzo mental.
El Desajuste Post-Vacacional: Un Reloj Biológico Desorientado
El desafío de volver a levantarse temprano tras semanas de horarios flexibles tiene una explicación fisiológica clara. Nuestro cerebro cuenta con un reloj biológico que regula el ciclo de sueño y vigilia. Durante las vacaciones, es común acostarse y levantarse más tarde, lo que gradualmente desplaza estos horarios.
Cuando la rutina obliga a retomar las obligaciones, el cuerpo no puede corregir de inmediato este desajuste. Aunque el despertador suene a las siete de la mañana, el sistema circadiano puede seguir funcionando como si fuera una hora antes. Martínez describe esta situación como una versión leve del «jet lag social»: la disparidad entre nuestros ritmos biológicos y las exigencias de la vida cotidiana.
El especialista también analiza por qué en vacaciones, a pesar de disponer de más tiempo, a menudo cuesta mantener rutinas saludables. «Los hábitos dependen mucho más del contexto de lo que solemos creer», señala. «En vacaciones, desaparecen muchas de las señales diarias: cambian el lugar, los horarios, las comidas, las personas con las que estamos y nuestras responsabilidades». Esta alteración transforma lo que antes era automático en algo consciente, lo que explica por qué podemos tener más tiempo libre y, aun así, hacer menos ejercicio o comer de forma irregular.
En cuanto al sueño, Martínez distingue entre la reducción del estrés que las vacaciones pueden ofrecer al favorecer la desconexión psicológica, y la alteración de los horarios de sueño que produce la eliminación de las señales que los organizaban. «Una cosa no contradice a la otra», enfatiza.
La Tecnología y el Descanso Fragmentado
El impacto de la tecnología en el descanso es un punto clave. Martínez es categórico: «Cada notificación representa una posible interrupción». Lo más preocupante es que «simplemente ver el icono de una aplicación relacionada con el trabajo puede reactivar mentalmente problemas que habíamos dejado atrás».
El hábito del scroll en redes sociales introduce otro factor: la sucesión de contenido novedoso e impredecible que impulsa a seguir buscando. Martínez advierte contra la explicación popular y reduccionista de que «la dopamina nos hace adictos», aclarando que «los sistemas cerebrales relacionados con recompensa, aprendizaje, novedad y motivación son bastante más complejos».
El problema práctico del scroll, según Martínez, radica en su capacidad para fragmentar la atención y desplazar actividades que requieren tiempo continuo, como dormir, conversar, leer o hacer ejercicio. Aquí, el neurofisiólogo introduce una distinción fundamental: el descanso físico no garantiza que el cerebro haya terminado de trabajar.
Los asuntos pendientes, los conflictos o las tareas que se sienten fuera de control pueden mantenerse activos en forma de preocupación o rumiación. Y el teléfono, lamentablemente, difumina la frontera entre el trabajo y el tiempo libre. «Un correo, un mensaje profesional o simplemente ver el icono de una aplicación relacionada con el trabajo puede reactivar mentalmente problemas que habíamos dejado atrás», insiste Martínez. «Por eso unas vacaciones pueden durar dos semanas en el calendario, pero bastante menos en nuestra cabeza».
Estrategias para un Regreso Suave a la Rutina
Martínez desaconseja intentar cambiar todo a la vez. La estrategia más efectiva, sugiere, es recuperar progresivamente las señales que organizan el día: establecer una hora fija para levantarse, exponerse a la luz natural por la mañana, mantener comidas regulares y realizar actividad física.
Para restaurar el ciclo de sueño, recomienda fijar la hora de despertar y recibir luz por la mañana. Aclara que acostarse muy temprano sin tener sueño no suele funcionar; es preferible retomar el horario de forma gradual.
Con las tareas laborales, el principio es similar. «Empezar recuperando prioridades y periodos de atención sostenida suele funcionar mejor que intentar resolver de una vez todo lo acumulado», subraya. «Nuestro cerebro se adapta muy bien a los cambios, pero agradece especialmente dos cosas: regularidad y señales claras sobre cuándo toca estar activo y cuándo toca descansar», concluye el especialista.
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