El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reconoció que el Boeing 747-8, una aeronave recibida como obsequio de Qatar, no posee la totalidad de las capacidades defensivas que caracterizan a los aviones presidenciales diseñados específicamente para esa función. No obstante, Trump aseguró que el avión será sometido a una serie de modificaciones antes de ser utilizado oficialmente.
La declaración tuvo lugar el domingo, durante su regreso a Washington en un avión privado, después de viajar al estadio MetLife en Nueva Jersey, donde entregó el trofeo del Mundial de fútbol junto al presidente de la FIFA, Gianni Infantino. Ante las preguntas de los periodistas sobre la ausencia de sistemas de defensa antimisiles en la aeronave catarí, el mandatario afirmó que el avión tiene “mucha capacidad” y que, según informó The Guardian, recibirá nuevas medidas de protección en las próximas semanas.
“Según tengo entendido, en aproximadamente un mes lo van a poner a prueba al máximo”, indicó Trump, aunque no proporcionó detalles específicos sobre el alcance de las mejoras planeadas ni sobre los sistemas concretos que se incorporarán. Esta admisión presidencial surge tras un informe de The New York Times que reveló cómo el Boeing 747-8, apodado el “palacio en el cielo” por su lujoso diseño, carece de varias tecnologías defensivas presentes en los aviones presidenciales estadounidenses construidos para misiones de alta seguridad.
Con aproximadamente 14 años de antigüedad y un valor estimado cercano a los 400 millones de dólares, la aeronave carece de contramedidas infrarrojas, esenciales para desviar misiles guiados por calor y de sensores para detectar posibles lanzamientos, ambos elementos estándar en los sistemas de protección del Air Force One. A diferencia de los actuales VC-25A utilizados por los presidentes de EE. UU., el avión proveniente de Qatar no fue concebido desde su origen con las rigurosas especificaciones militares de las aeronaves presidenciales.
Según The Guardian, tampoco cuenta con ciertas capacidades para resistir pulsos electromagnéticos ni con los sistemas de comunicación segura necesarios para dirigir al gobierno durante una crisis. Las autoridades estadounidenses han descrito esta aeronave como una solución provisional, a la espera de que Boeing complete la construcción de dos nuevos aviones presidenciales, un proyecto que actualmente acumula un retraso de aproximadamente cuatro años.
Cabe destacar que Trump ya utilizó el avión catarí para un viaje a Turquía, con motivo de una cumbre de la OTAN. Sin embargo, para su regreso, optó por una aeronave más antigua que ofrecía mayores sistemas de seguridad, una decisión influenciada por el aumento de las tensiones con Irán y siguiendo las recomendaciones del Servicio Secreto.
El uso y la posesión de este avión también han encendido un debate político y legal en Washington. Organizaciones de control ético y legisladores demócratas han expresado su preocupación de que un gobierno extranjero entregue una aeronave que Trump ha manifestado su intención de conservar para su biblioteca presidencial una vez finalizado su mandato. Críticos, según The Guardian, argumentan que esta operación podría entrar en conflicto con la cláusula de emolumentos de la Constitución estadounidense.
El Departamento de Justicia, bajo la dirección de Pam Bondi, aprobó el acuerdo en 2025. La Fuerza Aérea había calculado que las tareas de modernización tendrían un costo inferior a los 400 millones de dólares, aunque persiste la incertidumbre sobre si las mejoras adicionales mencionadas por Trump se inscriben dentro de este presupuesto ya estimado o si representan una nueva fase del proyecto con costos adicionales.