El suicidio se ha convertido en la principal causa de muerte entre jóvenes adultos de 15 a 34 años en Argentina, según datos del Observatorio de Política Criminal. Un contraste alarmante emerge de las estadísticas: aunque las mujeres realizan más intentos, los suicidios consumados son predominantemente entre varones. Este fenómeno destaca la urgencia de fortalecer las políticas de género, tal como señaló la directora de Atención Integral de Consumos Problemáticos y Suicidios del Ministerio de Salud de Neuquén, en el marco del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, el 10 de septiembre.
Las cifras nacionales son preocupantes: en 2025, Argentina registró 5.209 suicidios, la cifra más alta de la serie analizada, con una tasa de 11,8 casos por cada 100.000 habitantes. Esto representa un incremento del 57,7% respecto a 2017, cuando se reportaron 3.304 casos. En la Patagonia, Neuquén contabilizó 52 muertes por esta causa, con una tasa de 7,8, mientras que Río Negro registró 49 casos y una tasa de 6,5, la más baja del país.
Aunque es una problemática que atraviesa a toda la sociedad, el informe subraya que el 78,6% de las personas que murieron por suicidio en 2025 eran varones de entre 18 y 34 años. Gustavo Gómez, integrante de la Dirección de Masculinidades de Neuquén, advierte que “la masculinidad va generando una serie de mandatos que nos imposibilitan solicitar ayuda”.
La directora de Atención Integral, Domínguez, explicó que quienes atentan contra su integridad física “no quieren morir, lo que quieren es dejar de sufrir”. Ante esta realidad multicausal, enfatizó la necesidad de que las políticas públicas atiendan las diversas facetas de ese sufrimiento. “Una es la atención sanitaria, pero si no trabajamos en fortalecer lazos sociales, espacios de acompañamiento y espacios de escucha, que no solamente los tiene que generar Salud Pública, sino también un montón de organizaciones, no podemos prevenirlo”, remarcó. Es en este punto donde áreas como la Dirección de Masculinidades se vuelven cruciales para expresar el dolor y desmantelar mandatos que afligen a este grupo de varones jóvenes.
Gómez profundizó en la raíz del problema, señalando que debe entenderse como el resultado de un concepto social arraigado sobre lo que se espera de un varón y cómo se enseña a ejercer esa masculinidad desde la infancia. Mandatos como ser el “proveedor” o la obligación de mostrarse siempre “fuerte” actúan como barreras, impidiendo reconocer y comunicar la propia vulnerabilidad. La idea de “yo puedo solo” o “yo tengo que resolver mis problemas” dificulta el pedido de ayuda, generando una profunda sensación de soledad y angustia difícil de expresar, pues “el llanto no está habilitado socialmente dentro de los códigos y conductas que tiene la masculinidad”.
Gómez invita a ir desenredando esta compleja situación, empezando por poner en palabras el sufrimiento. “Por lo general la gente que termina realizándolo es porque no pudo poner antes en palabras su dolor”, explicó. Destacó además que este modelo tradicional de masculinidad no solo incide en el suicidio, sino que también se refleja en otras problemáticas como el llenado de cárceles, muertes por accidentes de tránsito y el consumo problemático de sustancias. “Todos los datos indican que la masculinidad, este modelo de masculinidad tradicional, nos está calando hondo y es necesario revisarlo”, afirmó.
Desde la Dirección de Masculinidades se llevan adelante diversas acciones orientadas a la prevención y la desarticulación de estos mandatos históricos. A través de talleres de sensibilización, capacitaciones en instituciones, escuelas y espacios de reflexión grupal, el área busca crear entornos seguros donde los varones puedan “apalabrar” lo que sienten sin temor a ser juzgados. “Todo ese entripado, poder hablar, poder comunicar, poder decir ‘hoy no estoy bien, hoy tengo un problema’, que no sea como un volcán a punto de explotar, hay que poder canalizarlo. Desaprender todos esos mandatos, todas esas conductas, esos códigos, lleva su tiempo y revisarlos nos libera, nos permite vincularnos desde otro lugar”, enfatizó Gómez.
Los especialistas coinciden en que el primer paso para prevenir el suicidio es permitir la expresión de la palabra sin juicios. Para acompañar a alguien que atraviesa un momento difícil, el psicólogo Daniel Schiro y Gustavo Gómez sugieren iniciar el diálogo con preguntas sencillas como: “¿Cómo estás realmente?” o “¿en qué te puedo acompañar?”, y ofrecerse a buscar ayuda profesional juntos.
Schiro advirtió sobre el error común de apelar a la culpa, desaconsejando frases como “pensá en tu familia” o “sos joven”. Ante el llanto de quien sufre, sostuvo que “no se debe interrumpir”, bastando con acompañar en silencio y estar presente. Verónica Domínguez, por su parte, hizo hincapié en la importancia de identificar señales de alerta como el aislamiento, el abandono repentino de actividades o verbalizaciones como: “¿Qué pasaría si yo no estoy?”.
Frente a estas situaciones, la provincia de Neuquén ofrece espacios institucionales para orientación y contención:
- Guardia de Salud Mental en Neuquén: 299-5358-191. Funciona los 365 días del año. Atendida por profesionales que evalúan el riesgo, orientan o derivan a las guardias hospitalarias.
- Dirección de Masculinidades: Quienes busquen espacios para repensar mandatos y canalizar el sufrimiento pueden escribir al correo masculinidades.nqn1@gmail.com.
- Línea Nacional de Prevención del Suicidio: 135 (gratuita desde Capital y Gran Buenos Aires) o (011) 5275-1135 en todo el país.