Emma Coronel Aispuro, conocida por su vínculo con Joaquín “El Chapo” Guzmán, ha redefinido su trayectoria, pasando de años en prisión a una emergente carrera como modelo e influencer. La mujer de 37 años, nacida en California, dedica ahora su tiempo a transmisiones en la plataforma Kick, donde recientemente ha compartido detalles de su pasado y presente, captando la atención de miles de espectadores.
En una de sus recientes apariciones en Kick, Coronel Aispuro no dudó en criticar la película mexicana La Captura, calificándola de «cringe» y poniendo en duda su veracidad y las actuaciones. En la misma línea, reiteró su intención de desarrollar una serie bilingüe centrada en la vida de El Chapo desde su perspectiva, con Rafael Amaya en el rol protagónico del narcotraficante.
La historia de Emma Coronel y Joaquín Guzmán Loera comenzó en 2006, cuando ella tenía 17 años y él 49. Se casaron el 2 de julio de 2007, en su cumpleaños número 18, en una ceremonia íntima. Fruto de esta unión nacieron sus dos hijas, Emali Guadalupe y María Joaquina, a quienes ella considera el «mayor regalo» de su relación con Guzmán.
Años después, Emma Coronel enfrentó un arresto en Estados Unidos, acusada de conspiración para el tráfico de drogas, lavado de dinero y participación en la fuga de su esposo. Dejó la prisión en septiembre de 2023 bajo libertad condicional por cuatro años y se le impuso el pago de una confiscación de 1.5 millones de dólares. Durante su encarcelamiento, según confesó en el documental Married to El Chapo, la separación de sus hijas fue lo más difícil, un período de «depresión» donde el tiempo para pensar y llorar era constante.
Desde su liberación, Coronel Aispuro ha buscado una nueva imagen, iniciando con transmisiones en TikTok y luego expandiéndose a Kick. En agosto, realizó un streaming de cinco horas y media que se transformó en una confesión sobre su estadía en prisión. Ante 13.000 espectadores, reveló que recibió tratamiento psiquiátrico, experimentó depresión tras recuperar la libertad y que sus especialistas le recomendaron las transmisiones como parte de su proceso.
Su incursión en el ámbito público no se limita a las redes sociales. En septiembre de 2024, participó en el Fashion Week de Milán, colaborando en la colección primavera-verano de la diseñadora April Black Diamond y promocionando fajas moldeadoras. Diariamente, comparte imágenes con sus hijas en sus plataformas digitales.
Las confesiones sobre su tiempo en prisión son recurrentes en sus apariciones. Cumplió 36 meses tras las rejas. El primer año lo pasó en aislamiento casi total en Washington, en una celda básica sin contacto con otras reclusas, salvo por gritos o una hora diaria de llamadas. Relató que solo podía realizar llamadas de madrugada y que el trato era «racista», agravado por la barrera idiomática con la mayoría de los guardias.
Otros detalles que compartió sobre su dura estadía incluyen el frío constante, con solo una manta a su disposición, y los despertares cada tres horas durante la noche para confirmar su presencia. Sin embargo, lo más angustiante fue la espera de la sentencia: «Cuando pasa un tiempo y vas a la corte y tienes que esperar tu sentencia, que todavía te dan unos meses, es el tiempo que se hace desesperante», explicó.
Conocer su sentencia en 2021 le trajo un alivio, una «paz interior» y la posibilidad de hacerse una idea de su tiempo de reclusión. Reconoció, además, que su pena pudo haber sido más extensa. Al año siguiente, fue trasladada al Centro Médico Federal Carswell en Fort Worth, Texas, donde las condiciones mejoraron, permitiéndole ver el sol y usar el gimnasio, conviviendo con un grupo reducido de diez reclusas bajo estricto control.
Ya en libertad, recuerda con inquietud su último día tras las rejas. Esa noche, la imposibilidad de dormir no era por alegría, sino por el «miedo a que se arrepientan», sabiendo que cualquier incidente podría retrasar su ansiada liberación.