Para millones de personas, el café es el motor que pone en marcha el día. Sin embargo, la ciencia de la cronobiología y el estudio del metabolismo sugieren que el momento en que elegimos beberlo puede alterar significativamente la respuesta de nuestro cuerpo. Aunque la costumbre dicta tomarlo apenas abrimos los ojos, investigaciones recientes indican que esperar un poco y coordinar la cafeína con la ingesta de alimentos podría ser la clave para evitar picos de estrés y mejorar la gestión de la energía durante toda la jornada.
El papel del cortisol y el ritmo circadiano
Nuestro cuerpo tiene un reloj biológico que regula la liberación de cortisol, conocida como la «hormona del estrés», que nos ayuda a despertar de forma natural.
- El pico matutino: Al despertar, los niveles de cortisol están en su punto más alto para ponernos en alerta.
- Interferencia de la cafeína: Tomar inmediatamente después de levantarse, cuando el cortisol ya está elevado, puede generar una sobreestimulación innecesaria y aumentar la tolerancia a la cafeína a largo plazo.
- El momento ideal: Los expertos sugieren que el mejor momento para la primera taza es entre las 9:30 y las 11:30 de la mañana, cuando los niveles de cortisol comienzan a descender naturalmente.
Impacto en el azúcar en sangre
Un estudio de la Universidad de Bath ha revelado que el orden de los factores sí altera el producto cuando se trata de café y metabolismo.
- Control de la glucosa: Beber café negro cargado antes del desayuno puede reducir la capacidad del cuerpo para gestionar el azúcar en sangre después de comer.
- Respuesta insulínica: La cafeína consumida en ayunas, especialmente tras una noche de mal sueño, puede aumentar la respuesta de la glucosa en sangre hasta en un 50% durante el desayuno.
- La recomendación: Desayunar primero y disfrutar del café después permite que el cuerpo procese mejor los nutrientes y evita fluctuaciones bruscas de energía que derivan en cansancio al mediodía.
Aunque el en ayunas es un hábito muy arraigado, la evidencia científica se inclina por consumirlo después del desayuno. Al hacerlo, no solo protegemos nuestro control metabólico, sino que permitimos que los mecanismos naturales de alerta del cuerpo funcionen sin interferencias, logrando un estado de vigilia mucho más equilibrado y duradero.
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