En el invernadero del Puesto de Plottier, el trabajo no se detiene. Entre tubos, soluciones y bandejas verdes, estudiantes de la EPET N°5 miden pH, analizan raíces y registran resultados. La experiencia forma parte de un proyecto educativo conjunto entre la escuela técnica y el Centro de Formación Profesional Agropecuario (CFPA) N°1, que une la ciencia y la producción regional a través de la hidroponía.
El ingeniero agrónomo e instructor Ariel Plaza coordina la propuesta y explicó que el objetivo es acercar a los jóvenes “al mundo de la producción vegetal mediante la hidroponía”. Detalló que “la EPET 5 está trabajando en conjunto con nosotros, realizando sus prácticas profesionalizantes en hidroponía. Ellos tienen la especialización en cultivo y en química, y participan los tres cursos de sexto. Las horas que realizan acá se acreditan dentro de su formación”.
La hidroponía, técnica que permite cultivar sin suelo y mediante soluciones nutritivas controladas, se convierte en una herramienta ideal para integrar la química aplicada en contextos reales. “Se mide conductividad, pH y concentraciones de sales —indicó Plaza—. En la primera clase se da una introducción general, luego trabajan con titulación de magnesio, calcio y bicarbonatos; arman soluciones, toman muestras y analizan resultados**”.
El esquema incluye cuatro encuentros: uno teórico, uno de toma de muestras, otro de análisis y un último donde los grupos presentan conclusiones. “Queremos que comprendan no solo los procedimientos de laboratorio, sino cómo planificar, calcular tiempos y aplicar conocimientos en un contexto real”, añadió el instructor. La presentación de los trabajos finales se realizará el 10 de noviembre en el CFPA N°1.
Para Guillermo López, estudiante de 18 años, la experiencia transformó su forma de aprender: “Nos formamos como técnicos químicos, pero acá vemos hidroponía y el cuidado de las plantas. Todo lo que aprendimos en teoría ahora tiene sentido práctico”. Su compañera María de los Ángeles Lara coincidió: “Pasamos del laboratorio a ver cómo los reactivos se aplican al crecimiento de las plantas. Está buenísimo”.
El proyecto se inscribe dentro de la política educativa del CFPA N°1, que busca abrir sus espacios a otras instituciones y fortalecer una red de aprendizaje colaborativo. “Lo más importante es el trabajo interinstitucional. Cada escuela tiene su orientación, pero compartimos el objetivo de formar estudiantes capaces de aplicar lo que aprenden”, destacó Plaza.
El docente subrayó además que esta iniciativa amplía el horizonte profesional de los jóvenes: “Esto les da otra posibilidad, fuera del petróleo. Ven que la química tiene un rol enorme en la agricultura y la alimentación”.
El CFPA N°1 de Plottier se consolidó como un espacio de capacitación gratuita en producción agropecuaria y sostenible. Ofrece cursos en huerta, hidroponía, vitivinicultura, apicultura, lácteos, jardinería y emprendedurismo, combinando saberes tradicionales con innovación tecnológica.
“La hidroponía puede aplicarse en espacios pequeños, con bajo consumo de agua y sin suelo fértil, lo que la hace ideal para nuestra región. Que los chicos lo aprendan en la práctica es muy valioso”, cerró Plaza.
La experiencia deja sembrada una enseñanza duradera: la educación técnica puede ser un puente entre la ciencia, el trabajo y el desarrollo sostenible en Neuquén.

