Una investigación que ha rastreado movimientos financieros durante siete años ha culminado en un arresto que conmociona a Pensilvania, Estados Unidos. El 14 de agosto, el sacerdote Gregory Allen Madeya, de 69 años, fue detenido en relación con el desvío de aproximadamente 750.000 dólares de fondos de iglesias y de las cuentas de su propia madre.
Según el fiscal general Dave Sunday, la policía del condado de Indian River, Florida, descubrió que Madeya es sospechoso de robar a tres iglesias desde 2018. El fiscal Sunday expresó su asombro: «Es incomprensible ver a un supuesto hombre de Dios explotando no solo a las iglesias a las que servía, sino también a su propia madre».
Madeya, quien ejerció como sacerdote en la iglesia católica de San Juan Bautista en McKeesport, Pensilvania, presuntamente se apropió de 319.997 dólares de varias iglesias y sus feligreses. Las autoridades y testigos de la comunidad eclesiástica reportaron la desaparición de dinero de colectas, donaciones, alquileres y cuotas vinculadas a la iglesia, que nunca fueron depositados en las cuentas correspondientes. Además, los investigadores hallaron que Madeya intentó vender a un joyero un cáliz de oro valorado en 19.440 dólares, adquirido por la iglesia.
Los cargos contra Madeya no se limitan a las instituciones eclesiásticas. También se le imputa el desvío de más de 230.000 dólares de las cuentas de inversión de su madre. Las autoridades revelaron que la mujer, debido a su avanzada edad, ya no podía gestionar sus finanzas y, trágicamente, fue desalojada de varias residencias de ancianos por falta de pago. «El acusado se aprovechó de la confianza de quienes lo rodeaban y los dejó a su suerte tras sufrir enormes pérdidas económicas», afirmó el fiscal Sunday.
Entre otras acusaciones, se le imputa no haber pagado 248.663 dólares en impuestos. Asimismo, registros financieros indican que en 2018 el sacerdote compró un Ford Mustang por 35.433,58 dólares y se lo regaló a un hombre que residía con él en el momento de los presuntos hechos. El destino final de los fondos sustraídos sigue siendo parte de la investigación.
Actualmente, Gregory Allen Madeya enfrenta múltiples cargos por delitos graves, incluyendo tráfico de ganancias procedentes de actividades ilícitas, robo por apropiación indebida, robo por incumplimiento de la obligación de entregar fondos, explotación financiera de una persona mayor o dependiente y fraude con dispositivos de acceso.
Tras su extradición a Pensilvania, Madeya compareció ante el tribunal junto a su abogado. Renunció a su audiencia preliminar, optando por llevar directamente su caso a los tribunales. Aunque su fianza fue reducida a 25.000 dólares monetarios, según su expediente penal al que CBS News tuvo acceso, Madeya aún no ha pagado la fianza y permanece recluido en la prisión del condado de Westmoreland.