Teherán enfrenta un invierno desafiante. El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, hizo un llamado urgente el domingo para que la población reduzca su consumo de gas en al menos un 10%. La medida busca prevenir una crisis de suministro de energía durante la temporada de frío, que ya se anticipa compleja para la república islámica.
La escasez de gas natural, vital para la calefacción en un país donde las temperaturas invernales suelen caer por debajo de los 0 °C, especialmente en el norte, se ha agudizado tras la guerra iniciada a finales de febrero, a raíz de ataques atribuidos a Estados Unidos e Israel.
En un video difundido por medios locales, Ghalibaf enfatizó: «Para atravesar el invierno que se avecina, es indispensable una movilización nacional (…) con el fin de reducir el consumo de gas en al menos un 10%». Para motivar este ahorro, el político anunció un incentivo directo: «Cualquier persona que ahorre combustible, sin importar la cantidad, recibirá de inmediato la suma correspondiente en su cuenta bancaria».
El conflicto armado ha tenido un impacto directo en la infraestructura energética iraní. Tras el inicio de las hostilidades, varias instalaciones de gas en el sur del país fueron blanco de ataques estadounidenses, dejando fuera de servicio a múltiples plantas de procesamiento, según informó el gobierno.
A principios de octubre, el vicepresidente primero, Mohamad Reza Aref, estimó que el gobierno prevé un déficit diario de entre 100 y 250 millones de metros cúbicos de gas durante la temporada de frío, como consecuencia de los daños bélicos, según la agencia oficial de noticias Irna.
El historial del conflicto ha sido turbulento. Un alto el fuego en abril puso fin a casi 40 días de intensos bombardeos, y en junio se firmó un memorando de entendimiento con la esperanza de terminar definitivamente las hostilidades. Sin embargo, este pacto se desmoronó en julio, cuando ambas partes se acusaron mutuamente de incumplimiento. Desde entonces, las negociaciones se encuentran estancadas.
Aunque los ataques directos han disminuido considerablemente en las últimas semanas, la tensión persiste y el conflicto se ha desplazado hacia el estratégico estrecho de Ormuz, cuya soberanía es disputada por Irán. En este escenario, Estados Unidos mantiene un bloqueo sobre los puertos iraníes, buscando intensificar la presión económica sobre la república islámica, que ya acumula décadas bajo sanciones internacionales.