A sus 82 años, Joan Manuel Serrat ha dejado los escenarios para dedicarse a su vida familiar como padre de tres hijos, abuelo de seis nietos y flamante bisabuelo de mellizas. En un reciente mano a mano con Juan y Medio en Canal Sur, el cantautor español compartió reflexiones sobre su trayectoria, el retiro y las lecciones de su infancia.
Serrat nació el 27 de diciembre de 1943 en el Poble Sec de Barcelona, un barrio de inmigrantes. Recordó crecer entre «los más desfavorecidos» de Montjuic, una realidad que nutrió la sensibilidad de sus letras. Su canción «Por las paredes» rinde homenaje a la emigración andaluza, una mano de obra «fundamental en la posguerra». Para Serrat, «el que viene buscando un lugar donde meter la vida […] es el resultado de que lo echan». Sentenció: «Nadie se va de su casa a no ser que le empujen a irse».
La decisión de dejar la universidad por la música provocó lágrimas en su madre, pero su padre, José Serrat, intervino con sabiduría: «Mujer, deja al chico, que el chico sabrá por qué lo hace». Esta confianza fue crucial. Su hogar era de «perdedores profundos», con abuelos asesinados en la guerra y su padre en un campo de concentración. Sin embargo, a diferencia de otros, en su casa «se hablaba de las cosas», una forma de combatir el «olvido, lo peor de todo».
José Serrat, fontanero, se jubiló anticipadamente gracias al éxito de su hijo, anunciando orgulloso: «Mi hijo me ha jubilado». El cantautor recuerda con humor la «ignorancia» de entonces sobre la incertidumbre de su profesión. Su padre, a quien admiraba por sus habilidades («lo hacía todo»), disfrutó su retiro como «chofer de mi madre». «Heredé el orden de mi padre, pero no la habilidad», bromeó Serrat, quien cada noche saluda la foto de su progenitor y se «cuentan algunas cosas».
La «brújula moral» de Serrat lo guio a México en 1975, exiliado por denunciar los asesinatos franquistas. No podía volver a España debido a una orden de «busca y captura». Allí, dijo, «me enamoré de su forma de vivir». Pese a las peripecias, se considera afortunado: «La vida lo ha tratado muy bien». Su esposa, Candela Tiffón, con 47 años de matrimonio, ha sido un apoyo constante, viendo el amor transformarse y dar «casa, familia, hijos, nietos, y ahora bisnietos».
El 23 de diciembre de 2022, en el Palau Sant Jordi, Serrat cerró su gira de despedida, El vicio de cantar 1965-2022. El motivo: «El tiempo que me queda prefiero destinarlo a una serie de cosas, caricias, cariños, actividades, cosas que necesito». Afirmó que la forma actual de entender su oficio y la industria musical «se me está haciendo más ajeno y me resulta muy distante».
Celebró llegar «sano y salvo, con un estado de salud aceptable» y «parar cuando tienes vientos a favor». Su postura ante el edadismo es contundente: «Me parece una idiotez, es de idiotas, es como quemar los libros». Criticó el «desprecio, silencio, infantilismo» y «abandono» que sufren los mayores. Reconoció que «fallan partes orgánicas» y «comienzan los problemas mentales» al envejecer, pero enfatizó que esto «no es exclusivo de la gente mayor».
Al finalizar la entrevista, Juan y Medio le aseguró que era «inolvidable». Serrat, con humildad, respondió: «No, soy consciente de que soy perfectamente olvidable». Y añadió sobre el éxito: «dura lo que dura y ve tú a saber cuánto dure esto», cerrando con una broma sobre Carlos Gardel y la fugacidad de la fama.
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