Jorge Suárez: El actor que le dio nombre a su segunda oportunidad y se despidió de la diabetes

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Jorge Suárez: El actor que le dio nombre a su segunda oportunidad y se despidió de la diabetes

“Soy un hombre libre… yo y también Juan Carlos”. Con estas palabras, el reconocido actor Jorge Suárez resume la profunda transformación que experimentó tras recibir el año pasado un doble trasplante de riñón y páncreas. Bautizó a ambos órganos con el mismo nombre, “Juan Carlos”, por recomendación de una enfermera, para integrarlos plenamente como parte de su nueva vida. Una vida donde la diabetes, que lo acompañó desde los 25 años, es hoy un capítulo cerrado.

A sus 63 años, y mientras se sube al escenario del Multiteatro para protagonizar la obra Visitando al Señor Green junto a Facundo Arana, Suárez rememora el camino que lo llevó a esta crucial intervención. La primera señal de alerta apareció durante una luna de miel en Madrid, celebrando sus 30 años de casado con Laura Singh, a quien cariñosamente llama “La China”. Aunque comenzó a sentirse mal, esperó unos días, pues se encontraban en Venecia y no quería que su esposa se viera obligada a un traslado hospitalario en bote. De regreso en Buenos Aires, enfrentó seis meses de diálisis, un periodo de espera que culminó con la tan ansiada noticia: había un riñón compatible.

Jorge describe el día del trasplante con precisión: “Una madrugada me llamaron y me dijeron que estaba primero en la lista. Que me preparara para hacer una diálisis de una hora y media o dos y que después me iban a hacer el último análisis de sangre para ver la compatibilidad”. Tras la confirmación, ingresó a quirófano para una operación de aproximadamente siete horas. Permaneció internado casi un mes, y luego continuó con una “media internación” en casa, debido a los drenajes.

El motivo del doble trasplante era claro: la diabetes. “La insulina la fabrica el páncreas, un órgano muy pequeño, muy frágil, muy delicado y todavía no se hacen trasplantes de páncreas solo”, explica. Por eso, recibir ambos órganos fue una “felicidad enorme”, ya que le permitió liberarse de la insulina y las diálisis. La nueva realidad también se tradujo en cambios alimenticios: “Durante dos meses reemplacé las tostadas por las medialunas. Puedo comer las que quiera porque no soy más diabético”, confiesa con humor, aunque reconoce que ahora las consume con moderación y que mantener el peso se volvió otro desafío.

El doble trasplante no fue el único gran reto de salud para el actor. En 2015, fue sometido a un triple bypass. Este procedimiento se debió a una “claudicación intermitente”, un dolor recurrente en la pierna que señalaba una arteria obstruida, aunque nunca experimentó dolor de pecho ni agitación. Un cardiólogo le sugirió verificar sus coronarias, lo que derivó en estudios en Fleni. “No me dejaron salir”, recuerda, permaneciendo internado cuatro días antes de la operación. Dejó de fumar definitivamente un año y medio antes de la primera operación, una decisión que hoy celebra sin arrepentimientos.

Si bien su actividad física se ve limitada por la claudicación que le impide, por ejemplo, caminar 10.000 pasos, el teatro representa para Jorge un entrenamiento constante. “Implica mucha exigencia física, corporal y mental”, afirma, destacando que lo obliga a mantener la concentración y el cuerpo elongado.

La diabetes, diagnosticada a los 25 años, marcó lo que él considera su “primera prueba fuerte de resiliencia”. No sería la última. Compartió ese camino con su esposa Laura, también diabética insulinodependiente, lo que creó un lazo de apoyo mutuo en el cuidado y seguimiento de la enfermedad. Sus hijos, Agustín (34) y Violeta (25), fueron un pilar fundamental durante la recuperación del doble trasplante. Agustín no lo dejaba moverse sin permiso, mientras Violeta gestionaba todos los trámites digitales. “Cuando estás acompañado de amor, todo se torna posible y es muy emocionante”, reflexiona Suárez, quien se define como un optimista que, sabiendo que la vida es dura, elige enfrentarla con la mejor cara. A sus 63 años, se proyecta a los 83, junto a su mujer, consciente de que sin ella, el camino sería mucho más arduo.