José González Melián, experto en salud digestiva, contundente con el hábito de comer dulces por la noche: «Después de cenar la cocina se cierra»

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José González Melián, experto en salud digestiva, contundente con el hábito de comer dulces por la noche:

José González Melián, especialista en aparato digestivo del Hospital Universitario Vithas Las Palmas, Gran Canaria, rehúye a tratar a sus pacientes con la “medicina habitual”. Así lo señala en su perfil médico, donde señala el lugar que ocupan en su diagnóstico la movilidad, los hábitos nutricionales, el peso, y la salud emocional y mental de las personas que lo van a ver.

A la vez, el profesional de España coincide con un concepto bastante extendido sobre la actividad nocturna: es preferible evitar los dulces antes de ir a la cama.

En una entrevista con el sitio CuídatePlus, explicó que “todos tenemos un reloj interno, y el hígado tiene el suyo propio”. A diferencia de lo que ocurre durante los momentos de sol, por la noche entra en otro modo de funcionamiento. “Si le obligamos a trabajar a deshoras, ese reloj se desajusta. Con los años, eso favorece que el hígado acumule grasa”, indicó, teniendo como referencia un reciente estudio científico.

Por qué no es conveniente comer dulces antes de dormir

Durante la noche el organismo se regula física y mentalmente, y según González, “la insulina funciona peor y el cuerpo apenas gasta energía”.

“Lo que comemos a esas horas eleva más el azúcar en sangre, y el hígado acaba transformando ese exceso en grasa. En las personas que ya tienen hígado graso este fenómeno es todavía más marcado”, señaló.

“Añadiría una norma sencilla: después de cenar, la cocina se cierra. No cuesta dinero, es fácil de cumplir y puede sumar”, dijo el especialista. De esta manera, fue contundente con quienes tienen la costumbre de tomar yogur, un vaso de leche caliente o un dulce antes de acostarse.

A lo largo de la entrevista, Gonzalez colocó como referencia un estudio científico publicado recientemente en la revista Clinical Gastroenterology and Hepatology. Según González, el estudio señala que aquellos que solían comer después de la cena desarrollaron más hígado graso (en torno a un 36 % más) y también más cirrosis (cerca de un 28 % más).

En este sentido, el español recomendó a las personas con hígado graso bajar de peso en caso de que exista sobrepeso, no ser sedentario, dejar el alcohol, y adoptar una alimentación mediterránea. La misma se compone de verduras y frutas, pescado, aceite de oliva virgen extra, legumbres y cereales integrales.

Dejar pasar entre dos y tres horas entre la cena y la cama

Asimismo, aseguró que lo novedoso de este trabajo es que no solo importa qué comemos, sino también a qué hora.

Si bien en la entrevista se indica que “lo ideal” sería cenar antes de las nueve, González, remarcó las dificultades de lograrlo ante diversos estilos de vida en la sociedad, ya fuera por compromisos laborales o no.

Por lo tanto, aconsejó que pasen entre dos y tres horas entre la cena y el momento de irse a la cama: “La cena debe ser lo último que se come en el día. Como beneficio añadido, se duerme mejor y se nota menos el reflujo”.

La importancia de la microbiota intestinal

En otra entrevista, Melián resaltó el rol de la microbiota intestinal, que funciona como barrera frente a microorganismos potencialmente dañinos. Tal conjunto de bacterias compite con los patógenos que llegan a través de los alimentos y ayuda a preservar el PH estable, evitando que las bacterias aumenten.

Sin embargo, aquel equilibrio puede alterarse frente a una infección alimentaria. “Esto puede provocar lo que conocemos como disbiosis, y la recuperación dependerá de la gravedad del cuadro. De hecho, puede prolongarse desde varios días hasta semanas”, detalló tiempo atrás al medio español La Provincia.

La alimentación desempeña un papel relevante en la recuperación tras una infección alimentaria. En este sentido, el digestólogo recordó la importancia de seguir una dieta rica en fibra y prebióticos, fibras vegetales que no podemos digerir y que actúan como fertilizantes de las bacterias sanas del colon. Los mismos se pueden obtener en frutas y verduras.