El renombrado psiquiatra Juan David Nasio, considerado una eminencia en el psicoanálisis, ha visitado su Argentina natal para recibir el prestigioso premio Konex Humanidades-Psicoanálisis. Este reconocimiento se suma a una serie de distinciones internacionales que ha acumulado a lo largo de su trayectoria, incluyendo el Doctor Honoris Causa por la Universidad de Seúl en Corea del Sur, sumando un total de siete universidades con este reconocimiento, entre ellas la Universidad de Buenos Aires (UBA) y la Universidad Estatal del sur de Connecticut. En Francia, donde reside, fue honrado como Oficial de las Artes y de las Letras, Oficial de la Legión de Honor (la más alta condecoración de la república francesa) y Oficial de la Orden de Mérito.
Nasio, quien llegó a Francia con 26 años con el propósito de estudiar con Jacques Lacan, no imaginaba entonces la magnitud de su futuro. Participó en los seminarios de Lacan, fue docente en la Universidad de la Sorbona y fundó los Seminarios Psicoanalíticos de París para la formación de psicoanalistas. Su sólida formación argentina fue la base de su éxito inicial, sorprendiendo a sus colegas franceses con sus amplios conocimientos en psiquiatría y psicoanálisis. Actualmente, ha publicado 37 libros traducidos a 14 idiomas, y el más reciente, “Clara, la bebe que vuelve a la vida” (PAIDOS), recopila historias significativas de sus pacientes, previamente relatadas en la radio France Inter.
El enfoque de Nasio hacia sus pacientes se define por una profunda humildad y una constante voluntad de aprender. Su secreto, según él, radica en acompañar a cada persona “como un río que fluye”, sin importar la problemática, una actitud que lo ha llevado a declarar: “nunca derivé”. Esta empatía se sustenta en su capacidad para la “disociación profesional”, un arte que le permite manejar casos de extremo sufrimiento, como el de una paciente que le confesó haber matado a su hijo, sin que ello afecte su propia identidad. Para Nasio, el ser humano está por encima de sus actos; un pedófilo, por ejemplo, es un criminal, pero también un ser humano que, en muchos casos, fue víctima de abuso en su infancia.
En la práctica clínica, Nasio rechaza el juicio moral, lo que le permite querer y apreciar a cada individuo como ser humano, incluso en los casos más difíciles. Relató el caso de un hombre perverso que espiaba a mujeres, a quien, a pesar de la indignación que su caso podría generar, atiende con una perspectiva humana, buscando el cambio interno. Aunque reconoce que un pedófilo no “se cura” en el sentido tradicional, sí “se calma” y puede modificar los impulsos que lo llevan a cometer actos perversos. Sus dos secretos profesionales son la humildad y el placer continuo de aprender de cada paciente, a quienes considera sus “maestros íntimos”, una fuente constante de conocimiento sobre la condición humana.
A lo largo de 61 años de oficio y tras haber atendido a unas 7.000 personas, Nasio ha observado que las formas del sufrimiento no han cambiado. Los modos eternos de padecer se centran en la pérdida del amor (de pareja, familiar o de uno mismo, manifestado en la humillación), el miedo (a ser, a decidir, a la vida, y a la enfermedad que lleva a la muerte), la culpabilidad y las adicciones. Estos elementos, unidos a la tristeza cuando el amor se rompe, configuran los cuatro grandes sentimientos presentes en la mayoría de las consultas.
Frente a la pregunta sobre la edad como factor limitante para el análisis y el cambio, Nasio es categórico: “no importa la edad”. Argumenta que la clave reside en la fluidez del terapeuta, quien debe acompañar la corriente del paciente, adaptándose y respondiendo a sus necesidades. Respecto al retiro o la jubilación, advierte contra la proyección de una imagen de descanso total, ya que el ser humano necesita una actividad permanente y sentirse solicitado; la necesidad de saber que uno cuenta para alguien y que hay alguien esperándole, es fundamental para la existencia.
Para el psiquiatra, la eficacia de una terapia no depende de la técnica, sino de la personalidad del profesional. Sus “manos, su voz, su mirada, su interpretación, su concentración” son los verdaderos instrumentos, relegando el diván a un segundo plano y a menudo optando por una práctica más dinámica dentro del consultorio. Finalmente, al recibir el premio Konex, Nasio expresó que cada distinción, ya sea en Francia, Corea o Estados Unidos, lo hace sentirse “más argentino que nunca”, una profunda conexión con su tierra natal y la formación recibida en ella.