La apuesta diplomática de Milei: Aliados en repliegue y un rumbo solitario en el escenario global

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La apuesta diplomática de Milei: Aliados en repliegue y un rumbo solitario en el escenario global

Desde el inicio de su gestión, el presidente Javier Milei forjó una política exterior fuertemente marcada por sus preferencias personales e ideológicas, buscando liderar una derecha latinoamericana en ascenso. La visión de una cumbre de líderes afines en Buenos Aires, con Donald Trump como figura central, nunca se materializó, delineando un camino internacional que difiere de sus aspiraciones iniciales.

Esta estrategia, que privilegió las afinidades políticas por encima de los lazos de Estado a Estado, se basó en lo que el análisis actual considera un diagnóstico erróneo del sistema internacional. Se percibió a Estados Unidos como el único hegemón global, subestimando la influencia de China, la Unión Europea y potencias regionales como Brasil. Esta perspectiva llevó a un enfoque de «amigos incondicionales» y «enemigos a insultar», incluso en foros internacionales.

La situación actual expone los riesgos de esta apuesta. Varios de los líderes que Milei respaldó explícitamente atraviesan momentos difíciles. Las derrotas de Donald Trump en Estados Unidos, Jair Bolsonaro en Brasil, y Viktor Orbán en Hungría, sumadas a la renuncia y pedido de juicio político de Santiago Peña en Paraguay —cuyo «modelo» fue elogiado por Milei sin menciones a la crisis de ahorristas—, dejan a la diplomacia argentina en una posición singular. Esta serie de eventos subraya cómo la Argentina pudo haber comprometido su margen de maniobra internacional al alinear su destino con proyectos políticos ajenos.

La reciente XXX Cumbre Iberoamericana en Madrid ilustró esta postura. La participación de Milei fue mínima; no asistió a la inauguración ni a la cena, limitándose a encuentros con Isabel Díaz Ayuso y Santiago Abascal. Su atuendo casual contrastó con la formalidad del evento, y su saludo al presidente español Pedro Sánchez, a quien previamente había dedicado insultos públicos, fue objeto de ironías en redes sociales. Voces como la del ex primer ministro español Mariano Rajoy y el actual aspirante a premier Alberto Núñez Feijoo, del Partido Popular, han criticado este enfoque, instando a una diplomacia que priorice la convivencia.

La relación con Estados Unidos, central en la estrategia de Milei, se tejió sobre una fuerte afinidad con Donald Trump. El presidente argentino realizó numerosos viajes a EE.UU. desde su asunción, incluso para encuentros de una hora. Si bien se evitaron insultos directos a los demócratas, a diferencia de lo ocurrido con gobiernos como el de Brasil o España, la intensa alianza con Trump condicionó la visión. Documentos como el «Escudo de las Américas» o la «Junta de Paz por Gaza» se firmaron, aunque su efectividad fue limitada y algunos podrían contravenir leyes argentinas. La reciente pérdida de control republicano en el Congreso estadounidense genera incertidumbre sobre futuras cooperaciones y el destino de inversiones prometidas, como los más de 7.000 millones de dólares para el corredor Andes-Atlántico. La Cámara de Comercio de los Estados Unidos en Argentina (AmCham) ha destacado que los lazos entre ambos países exceden las afinidades personales, fundamentándose en intereses geopolíticos y económicos compartidos.

Otros respaldos internacionales de Milei también han mostrado sus limitaciones. En marzo, viajó a Hungría para apoyar la campaña de Viktor Orbán, quien perdió las elecciones. Su apoyo a Flavio Bolsonaro en Brasil, con gestos de confrontación hacia Lula, contrastó con la actitud más respetuosa de otros líderes conservadores de la «ola azul». En el caso de Israel, la alianza incondicional llevó a cambios en votos históricos de Argentina en Naciones Unidas, aunque su popularidad en la comunidad judía se mantiene, incluso tras la caída de Benjamin Netanyahu. La Fundación Génesis le otorgó un millón de dólares para promover la diplomacia pro-Israel en Latinoamérica.

La visión de Milei de una civilización occidental judeocristiana moral y estéticamente superior, a menudo se distancia de los valores de diálogo y misericordia que esa tradición pregona. En este contexto, la posible llegada del Papa León XIV a Buenos Aires podría presentar un contraste significativo, ofreciendo una perspectiva de Occidente basada en el respeto y el diálogo, frente a una política exterior marcada por la confrontación y los insultos.