Para muchos, los alimentos ultraprocesados tienen un lugar muy especial y fijo en la por distintos factores. Por ejemplo, son muy prácticos para el día a día, tienen un sabor hecho específicamente para ser lo más agradable posible y solemos encontrarlos disponibles fácilmente en muchos establecimientos, desde la tiendita de la esquina hasta nuestro supermercado de confianza. Pero no podemos negar que su impacto en la salud sigue siendo motivo de preocupación y análisis; sabemos que cada vez hay más evidencia de los efectos de estos productos y que el enfoque va más allá del peso corporal o el riesgo metabólico.
Por años se ha hablado de la relación que existe entre estos productosy enfermedades como la diabetes o los problemas cardiovasculares, pero ahora la atención de los estudios también se centra en cómo los productos ultraprocesados pueden influir en la composición de nuestro organismo, sobre todo cuando se trata de los músculos y la grasa. Lo que antes parecía ser un tema relacionado de forma secundaria hoy toma una gran relevancia.
Gracias a un estudio reciente que fue publicado en la , ahora tenemos sobre la mesa un dato muy interesante: lo que consumimos a lo largo del día también puede llegar a modificar la calidad de nuestros músculos y, por lo tanto, la salud de los mismos, incluso si solemos llevar un estilo de vida aparentemente activo o con integración de algunos alimentos saludables de forma constante.
Cómo los alimentos ultraprocesados afectan los músculos
De acuerdo con los resultados de la investigación, aquellas personas que integran a su dieta diaria y consumen más alimentos ultraprocesados de forma constante tienden a presentar una acumulación de grasa dentro y alrededor de los músculos mucho mayor en comparación con aquellos que no lo hacen. Este tipo de grasa no siempre resulta visible, pero puede llegar a afectar la forma en la que nuestros músculos se desarrollan, funcionan o responden ante los esfuerzos físicos.
Para este estudio se tomaron en cuenta a más de 600 adultos y los resultados revelaron que este efecto no solo dependía del peso, la cantidad de ejercicio realizado o las calorías que se consumían en el día; es decir, incluso aquellas personas que tenían hábitos relativamente equilibrados podían mostrar más grasa muscular si la dieta también incluía una alta proporción de productos ultraprocesados en el consumo constante.
Esto se podría explicar porque los alimentos de este tipo suelen ser altos en calorías, pero cuentan con una cantidad muy baja de nutrientes clave, como pueden ser las proteínas de alta calidad, minerales como el hierro u otros compuestos como el omega-3, ya que todos estos son esenciales para mantener nuestra masa muscular en buen estado. Con el tiempo, el desequilibrio creado al consumir estos alimentos puede llegar a favorecer la acumulación de grasa en el músculo, afectando así su rendimiento. Eso sin tomar en cuenta que también se incrementa el riesgo de problemas articulares y metabólicos.
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