Un arma que falló de milagro y un preceptor convertido en escudo humano. El intento de homicidio en la puerta del colegio visibiliza un problema estructural: le exigimos a la escuela que contenga lo que el Estado y el tejido social ya no pueden sostener.
El azar, o quizás un desperfecto mecánico, fue lo único que separó a la comunidad educativa del CPEM 48 de una tragedia irreparable. Que un ex alumno gatille un arma contra un estudiante en la puerta del establecimiento y la bala no salga no es un simple parte policial; es un síntoma de alarma en rojo sobre el estado de nuestra convivencia social en Neuquén.
El relato de la docente Juliana Carrizo expone una realidad estremecedora: fue un preceptor quien tuvo que reducir al agresor armado. Esta escena ilustra la dramática metamorfosis del rol docente en los sectores más vulnerables de la ciudad. Quienes se formaron para educar, hoy deben oficiar de mediadores de conflictos de bandas, psicólogos de emergencia y, en casos extremos como este, personal de seguridad cuerpo a cuerpo.
La brecha entre la política educativa y la realidad material
El reclamo de la comunidad del CPEM 48 desnuda una contradicción profunda en las políticas públicas actuales. Por un lado, se implementa un nuevo diseño curricular que exige que los adolescentes pasen más horas dentro de la institución, reconociendo a la escuela como el principal espacio de contención. Por el otro, las condiciones materiales no acompañan esa directiva.
Los docentes y estudiantes denuncian que no hay espacios adecuados para que los jóvenes permanezcan y se alimenten durante esas jornadas extendidas, y que el edificio carece de infraestructura básica, como salidas de emergencia operativas. Pretender que la escuela contenga la furia y la marginalidad sin presupuesto edilicio es empujar al sistema a un colapso inminente.
Un corredor de vulnerabilidad
La exigencia de seguridad en el corredor escolar de las calles Abraham y Novella no es un capricho. Las inmediaciones de las escuelas se han convertido en zonas de disputa donde las rencillas barriales se dirimen a la vista de todos. La institución educativa ha perdido su estatus de “zona neutral” o “santuario” intocable para convertirse en un escenario más de la violencia urbana.
El pedido de los trabajadores es tan elemental que duele:
Cobertura de ART y asistencia psicológica para docentes que hoy sufren estrés postraumático tras enfrentarse a armas de fuego en su lugar de trabajo.
Equipos interdisciplinarios y asesores pedagógicos para abordar la salud mental y el contexto social de estudiantes que están cruzados por la violencia y el consumo.
El límite de la contención
Lo ocurrido en el CPEM 48 nos obliga a dejar de mirar para otro lado. Cuando un conflicto entre jóvenes se resuelve a punta de pistola en la puerta de un colegio, el fracaso no es de la escuela, es de un sistema integral que llega tarde.
La comunidad docente está sosteniendo una estructura social que cruje. Pero el voluntarismo y el coraje de un preceptor no son una política de Estado. Urge una intervención integral que garantice seguridad real, infraestructura digna y acompañamiento psicológico. La bala, esta vez, no salió. Pero el Estado no puede seguir gestionando la crisis escolar apostando a la suerte.
La entrada La escuela como trinchera: el brutal aviso del CPEM 48 que expone la fractura social en Neuquén se publicó primero en NEUQUEN.COM – Noticias de Neuquén y el Alto Valle.
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