La otra cara de Vaca Muerta: hambre, precariedad y avance narco en los barrios populares

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La otra cara de Vaca Muerta: comedores desbordados, alimentos escasos y una preocupación creciente por el avance del narcotráfico

 

comedor.pngMientras la riqueza petrolera de Vaca Muerta posiciona a Neuquén como uno de los motores económicos del país, en los barrios más vulnerables la realidad muestra un contraste cada vez más marcado. La demanda de asistencia alimentaria crece de manera sostenida, los recursos destinados a los comedores comunitarios resultan insuficientes y las organizaciones sociales advierten sobre una situación que se agrava semana tras semana.

En el barrio Confluencia, el comedor comunitario “Doña Olguita” se convirtió en un reflejo de esa problemática. Lo que nació durante la pandemia como una respuesta solidaria para asistir a unas 30 personas, hoy brinda ayuda a más de 80 familias que dependen de ese plato de comida para afrontar una economía que no da tregua.

Laura, fundadora y coordinadora del espacio, asegura que sostener el funcionamiento del comedor se volvió una tarea cada vez más difícil. Según explica, gran parte de la asistencia proviene del Estado provincial, pero la calidad y cantidad de los insumos recibidos ya no alcanzan para cubrir las necesidades básicas de quienes concurren diariamente.

Entre los principales reclamos figuran la falta de productos esenciales para cocinar, la escasez de artículos de limpieza y la ausencia de alimentos que permitan ofrecer una dieta equilibrada. “La mayor parte de lo que llega son fideos y arroz. Tenemos que hacer rendir todo al máximo para que alcance”, señala.

A esa situación se suma otra preocupación: la llegada de mercadería próxima a vencer. Los referentes comunitarios afirman que muchas veces reciben alimentos secos con fechas límite muy cercanas, lo que dificulta la organización y planificación de las entregas.

La problemática adquiere una dimensión aún más significativa si se considera el contexto económico de la región. A pesar de los millonarios ingresos que genera la actividad hidrocarburífera, la Patagonia continúa registrando uno de los costos de vida más elevados del país. La inflación y la pérdida del poder adquisitivo han empujado a numerosas familias trabajadoras a buscar ayuda alimentaria para completar sus necesidades básicas.

Auditorías y cuestionamientos al sistema de asistencia

Otro de los puntos señalados por quienes trabajan en territorio tiene que ver con los mecanismos de control implementados sobre los comedores comunitarios.

Desde “Doña Olguita” sostienen que durante el último año fueron sometidos a numerosas auditorías y relevamientos. Sin embargo, cuestionan que los controles se centren únicamente en contabilizar raciones entregadas y no contemplen la compleja realidad social detrás de cada familia que solicita ayuda.

“Muchas veces terminamos cumpliendo funciones que exceden las de un comedor. Escuchamos historias de madres desesperadas, adultos mayores que recorren largas distancias y familias que ya no llegan a fin de mes”, explican desde la organización.

Además, denuncian la existencia de espacios que figurarían dentro de los registros oficiales sin desarrollar una actividad concreta en los barrios, una situación que, aseguran, debería ser investigada para garantizar que los recursos lleguen efectivamente a quienes los necesitan.

El avance del narcotráfico y la falta de contención

La preocupación social no se limita únicamente al acceso a los alimentos. En los sectores más vulnerables también crece la inquietud por el avance de las redes vinculadas al narcotráfico y el consumo problemático de drogas.

Según relatan vecinos y referentes barriales, muchos adolescentes quedan fuera de los espacios de contención existentes y terminan expuestos a situaciones de violencia, adicciones y actividades delictivas.

La falta de iluminación, la escasez de cámaras de seguridad y la percepción de una presencia insuficiente de organismos estatales aparecen como factores que agravan el escenario. En ese contexto, los reclamos por mayores medidas de prevención y programas de inclusión social se multiplican.

Una respuesta construida con esfuerzo comunitario

Frente a las dificultades, la solidaridad continúa siendo el principal sostén. Laura y su familia avanzan en la construcción de un salón comunitario dentro de su propio terreno con el objetivo de brindar un espacio seguro para que niños y adolescentes puedan recibir asistencia alimentaria y participar de actividades recreativas y de capacitación.

Para reunir fondos, las voluntarias organizan ventas de locro, empanadas, pollos y distintas actividades solidarias que permiten afrontar gastos básicos como garrafas, utensilios de cocina, materiales de construcción y servicios esenciales.

La realidad que atraviesa el comedor “Doña Olguita” refleja una problemática que se repite en distintos puntos de Neuquén. Detrás de las cifras récord de producción energética, persisten sectores que enfrentan diariamente el desafío de garantizar algo tan básico como un plato de comida en la mesa.

La distancia entre la riqueza que genera el subsuelo neuquino y las necesidades de miles de familias vuelve a poner sobre la mesa un debate que atraviesa a toda la provincia: cómo lograr que el crecimiento económico se traduzca también en mejores condiciones de vida para quienes más lo necesitan.

Pehuenia Online
Periodismo local. Identidad patagónica. Buenas historias, bien contadas.

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