Tras cuatro años de ausencia, las aves han regresado a la Exposición Rural de Palermo. Aunque pueda parecer un detalle menor, su retorno subraya la relevancia de esta actividad en la ganadería argentina, tanto por su peso económico como por su arraigado rol en la historia productiva del país.
Oscar Francisco Figoni, propietario de la cabaña La Soñada en Navarro, provincia de Buenos Aires, es un apasionado de la avicultura. Cría gallos, gallinas, pavos y patos, entre otras especies. Esta es su 52° participación en la Exposición Rural, y como es habitual, ejerce como comisario del pabellón de aves y conejos.
En esta edición, la muestra presenta alrededor de 180 ejemplares, una cifra considerablemente menor a los 800 registrados en 2022. La mayoría son gallos y gallinas de una decena de razas. Para Figoni, el regreso de las aves va más allá de su importancia productiva; aporta alegría y vida a la Expo. «Es el ruido, los cánticos, los colores… Hay gallinas blancas, grises, negras, con ribetes. Es otra cosa», destacó con entusiasmo.
Según Figoni, Argentina cuenta con entre 1500 y 2000 criadores dedicados a unas 100 razas diferentes. A estos productores los describe como «un clan que busca al animal perfecto». Aunque reconoce que el ejemplar ideal no existe, con sus pequeños detalles, la meta es siempre aproximarse a él. «Uno cría a sus animales, hace sus cruzas, y piensa ‘esta gallina con este gallo me va a dar un pollito que puede ser el gran campeón, que puede tener todas las características del animal perfecto’», explicó. Este ciclo incluye remates, ventas entre cabañas y la constante entrada y salida de nuevos criadores.
Este manejo genético especializado ha tenido un impacto decisivo en la producción avícola argentina. Figoni ejemplifica: «Hoy la gente come un pollo doble pechuga de un animal que estuvo solo 48 días para llegar al peso necesario. Eso se consiguió de razas puras, cruzando razas puras, con un manejo genético. Si no hubiese raza pura, si nosotros no mantenemos la raza pura, eso se perdería».
Al igual que en la ganadería bovina u ovina, las razas de gallos y gallinas se diferencian por su propósito. Las Sussex, Orpington o Dorking se utilizan para carne; las americanas Plymouth Rock o Rhode Island cumplen una doble función, produciendo carne y huevos; mientras que las Mediterráneas se destinan exclusivamente a la producción de huevos.
Argentina también ha contribuido con sus propias razas. Las filibar y filidor, ambas para producción de huevos, fueron desarrolladas en la Facultad de Agronomía de Buenos Aires por el ingeniero agrónomo José María Filipetti.
En el marco de la Rural, se seleccionan los campeones (machos y hembras) y se realizan remates. «Se mira el animal en general, si es el tipo y la forma que corresponde a la raza, el color de la pluma, el color del centro de la pluma, los ojos, las alas, las patas, los dedos, todo se mira. Es lo mismo que con los vacunos, pero nada más que en la mano», detalló Figoni. Un gran campeón puede alcanzar un valor de hasta 400.000 pesos.
Un legado que forjó la Rural
Aunque los reflectores suelen apuntar a los imponentes toros, vacas y caballos, por su presencia y valor, la avicultura ocupa un lugar central en la historia de la Exposición Rural, que este año celebra su 138° edición. De hecho, las gallinas y los gallos fueron protagonistas en la primera muestra.
«La primera exposición se hizo en Florida y Paraguay, acá en Buenos Aires, en la casa de Leonardo Pereyra Iraola. Ahí había más aves de granja que toros y caballos», relató Figoni. Añadió que «esa gente que viajaba en aquel entonces asiduamente a Europa, cuando retornaba traía las aves. Muchísima gente, incluido el primer presidente de la Sociedad Rural Argentina, José Alfredo Martínez de Hoz, era un gran criador de aves», comentó con orgullo.
¿Nadie ha roto el hielo todavía?
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