La salud del papa León XIV tras la operación: una noticia que cayó como una bomba y que abre muchos interrogantes
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En el anochecer de Roma la noticia cayó como una bomba: el papa tiene cáncer. Esa era la síntesis popular. De un simple nódulo que había revelado el propio León XIV a un tumor maligno. Después de un primer comunicado claramente insuficiente que decía que el pontífice había superado con éxito la operación con el método y el tiempo previstos, un segundo mucho más preciso y detallado revelaba la extirpación del lóbulo inferior del pulmón derecho por un adenocarcinoma pulmonar.
En los ambientes vaticanos y sus cercanías el segundo informe abrió un debate que solo pueden saldar los médicos y los estudios posteriores: qué tan grave es lo que tiene o, en todo caso, tuvo. Aquí inexorablemente surgen aquellos que siempre se inclinan por pensar lo peor, aunque no sepan nada de cuestiones médicas, los que optan por la cautela y prefieren esperar la evolución, y los que dicen que le extirparon el tumor y que la vida de Robert Prevost ya no corre peligro alguno.
Es cierto que los médicos dicen que las perspectivas de recuperación son muy altas en estos casos. Sea lo que fuere, el golpe en las entrañas vaticanas fue fuerte. Un papa joven para la edad promedio de los papas, deportista que sigue jugando al tenis y nadando, y que, en fin, se le ve muy vital llama más la atención. En algún sentido, les trae a la memoria los repetidos problemas de salud de Juan Pablo II con el consiguiente desgobierno y Francisco.
Sería anticiparse mucho y con mucho pesimismo. Pero la Iglesia Católica es una institución absolutamente piramidal. El papa es un monarca absoluto. Todas las decisiones importantes pasan por él. No hay “vicepapa”, no papa interino. Hay un llamado camarlengo que se ocupa de conducir la transición en caso de muerte o de renuncia de un pontífice. Por eso, su internación en cierta forma pone en pausa a la Iglesia en todas las decisiones medianamente relevantes.
Fueron leídas con lupa declaraciones en la víspera de la operación del Secretario de Estado del Vaticano -una suerte de número dos-, cardenal Pietro Parolin, quien dijo: “Estoy preocupado porque no me esperaba algo así, pero se trata de algo de lo que, gracias a Dios, nos hemos dado cuenta enseguida, y que, por lo tanto, podrá superarse lo antes posible; normalmente -añadió- cuando estas cosas se detectan a tiempo, se consiguen resolver”.
Velas y flores ante la estatua de Juan Pablo II, situada frente al Hospital Agostino Gemelli de Roma (Italia). Foto ANSA
Evidentemente, algo sabía Parolin para decir que estaba preocupado cuando los médicos decían que si se trataba de un nódulo bien delimitado y extirpado a tiempo no debería conllevar mayores riesgos. En los ámbitos vaticanos los términos tienen una particular significación. Además, son dichos por personas que eligen cuidadosamente las palabras. Ni qué hablar de la milenaria diplomacia vaticana. Y Parolin es, actualmente, nada menos que su cabeza.
Sin embargo, el gran desafío que afronta el Vaticano es llevar tranquilidad a todo el clero y los 1.400 millones de católicos. Y ese no es un objetivo fácil. Por lo pronto, serán claves los próximos comunicados, particularmente después de los estudios médicos tras la intervención quirúrgica. ¿Deberán aplicársele rayos para aventar el peligro de más células cancerígenas? ¿Qué efecto pueden tener sobre su ánimo? ¿A partir de cuándo comenzaría su aplicación?
En tren de su recuperación surge no sólo la pregunta de qué tiempo demandará, sino también -en lo inmediato- si podrá hacer la anunciada gira de 11 días que abarcará Uruguay, Argentina y Perú a partir del 6 de noviembre. Antes de la operación, el vocero papal dijo que estará internado una semana. Habrá que ver después del nuevo diagnóstico y luego cuánto más de convalecencia: normalmente es entre dos semanas y un mes.
El caso del periplo sudamericano -como se viene diciendo hasta el cansancio- implica un desafío poco recomendable para una persona que se está recuperando de una operación de pulmón en la que le extrajeron un lóbulo: debe hacer 14 vuelos -dos trasatlánticos- y llegar a alturas como en Cusco de más de 3.000 metros. Por eso, una especulación que circula dice que podrían suprimirse lugares y encuentros para evitar su suspensión.
En el Vaticano vienen diciendo desde que el papa anunció sorpresivamente el domingo que iba a operarse de un nódulo en el pulmón que la visita sigue vigente. Aunque hay que decir que tras el resultado de la operación se observa una gran prudencia. Podrá haber diferencias en cuanto a la seriedad de lo que tiene el papa, pero hay una extendida coincidencia de que no sería lo mejor que León XIV se exponga a semejante prueba.
Este miércoles habrá en la Plaza de San Pedro una gran misa por el final de un encuentro de las Conferencias Episcopales de todo el mundo con motivo de los diez años de la encíclica de Francisco sobre la problemática familiar, entre ellas la atención religiosa a los divorciados y a las parejas de hechos. Debía presidirla León XIV, pero no podrá ser. La ausencia del papa -más allá de que pueda restablecerse prontamente- tendrá algo de traumático.
Eso sí: León XIV dio una sutil señal de que sigue al timón de la Barca de Pedro. Pidió que no se difunda la declaración final hasta que él la supervise. Ello también tiene que ver con las definiciones que puede contener…