Marina Gonzalo, veterinaria: “Antes, un perro con displasia prácticamente no volvía a correr; ahora el diagnóstico temprano, la cirugía y la rehabilitación nos ayudan muchísimo”

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Marina Gonzalo, veterinaria: “Antes, un perro con displasia prácticamente no volvía a correr; ahora el diagnóstico temprano, la cirugía y la rehabilitación nos ayudan muchísimo”

La displasia, especialmente la de cadera, está considerada como el mal silencioso de los perros grandes. Es una de las afecciones ortopédicas más comunes y detectarla a tiempo puede suponer un cambio fundamental, ya que un diagnóstico precoz no solo permite valorar distintas opciones de tratamiento, sino que, en muchos casos, es posible ralentizar la progresión de la enfermedad y mejorar notablemente la calidad de vida animal.

Puede empezar con un pequeño cambio en la forma de caminar, cierta dificultad para levantarse después de dormir o una resistencia que antes no existía a subir escaleras. Marina Gonzalo, veterinaria experta en rehabilitación y cofundadora y directora del Centre de Rehabilitació Animal de Referència (CRAR) explica las claves de esta enfermedad. Porque, aunque la genética tiene un peso importante, no es el único factor que entra en juego: el crecimiento, el peso, la alimentación y el ejercicio también pueden influir en la evolución del problema.

¿Qué es la displasia y por qué es tan frecuente en perros?

Es una articulación que no articula correctamente, es decir, hay como una incongruencia al encajar perfectamente un hueso dentro del otro; hay una irregularidad. Hay varios factores, pero es tan frecuente porque es un tema genético. Es decir, si los padres ya vienen con esta malformación, la van pasando de generación en generación. Tenemos que tener en cuenta la diferente raza, todos los cruces que ha habido, etc. Es un tema de crianza, pero es una enfermedad multifactorial: hay una genética, una del tipo de crecimiento que ha tenido, otra del tipo de impacto que ha recibido esa articulación…

¿Cuáles son las articulaciones que suelen verse más afectadas?

Normalmente suelen ser la cadera y el codo.

Es una enfermedad multifactorial, pero ¿hasta qué punto influye la genética?

Esa respuesta no la sé dar con exactitud, pero en general, la predisposición genética es importante. Por eso, por ejemplo, vemos mucha alta frecuencia en labradores, golden, boyeros de Berna, pastores alemanes… la raza influye.

¿Todas las displasias son iguales?

Hay diferentes grados, hay grados leves y hay grados muy marcados; los muy marcados son los que prácticamente esa articulación, hablando de la displasia de cadera, ese fémur no se mete dentro del hueso de la cadera, en el acetábulo, que es donde se inserta la cabeza del fémur. Ahí tienes perros que directamente no tienen una cabeza bien definida; no es redonda y simétrica, está totalmente irregular y eso es muy difícil que articule. Dependiendo del grado, se verán los signos desde muy temprano, desde los primeros meses de vida, o no lo veremos hasta dentro de unos años.

Existe la creencia, sobre todo en perros grandes, de que el exceso de ejercicio puede provocar displasia. ¿es cierto o es un mito?

Sí, es cierto. Tenemos que pensar que el hueso, cuando está en crecimiento, tiene la parte larga, por así decirlo, y en las puntas hay lo que se llama la línea de crecimiento, que es justo lo que separa la parte que articula. No crece de dentro, sino que crece por las puntas del hueso. Teniendo esto en mente, hasta ciertos meses de edad, entre los seis y los nueve, dependiendo de la raza, esas líneas de crecimiento están abiertas. Entonces, cualquier impacto, cualquier trauma, cualquier lesión que reciban mientras están en crecimiento, puede hacer que sus líneas de crecimiento se cierren antes de tiempo. Eso es bastante influyente, sobre todo en la displasia de codo, porque articulan diferentes huesos, cada uno con su línea de crecimiento.

¿Se puede prevenir la displasia?

Se puede prevenir. Al 100% no, pero en líneas generales, lo más importante es hacer una crianza respetuosa. Si dos perros tienen displasia, no es recomendable hacerlos reproducir. Eso es lo primero. Y luego, hasta que tienen la pubertad, sería recomendable evitar un impacto intenso. Es decir, yo evitaría todo lo que sean ejercicios de pelotas fuertes, de saltos de impacto, ir a correr como si no hubiera un mañana, nada que implique demasiados saltos o demasiados tiros bruscos o, si estamos hablando de perros de trabajo o deportivos, evitar que haya un inicio de forma intensa, tener un sistema progresivo.

¿Cuáles son las primeras señales que deberían alertar a un tutor?

La forma en que se sientan. Si un perro se sienta medio ladeado, siempre que se sienta deja una pata abierta, no quiere decir que tenga displasia, pero sí que puede generar que desarrolle más una musculatura que otra. Nos interesa que toda esa musculatura de la parte más trasera de los muslos y de los glúteos se desarrolle de forma correcta. Otro signo es que, cuando caminan, hacen como un culeo hacia un lado o hacia el otro; eso puede indicar signos de displasia. Y otra cosa que también es muy visible es cuando corren. Un perro que tiene displasia de cadera no puede extenderla completamente. Entonces, cuando quiere correr o ir más rápido, lo que hace es flexionar la pelvis a la vez y hace como un salto que le llamamos el salto de conejo; salta con las dos patas traseras a la vez.

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