Marta Barany: La intérprete de 94 años que desafía la jubilación

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Marta Barany: La intérprete de 94 años que desafía la jubilación

Marta Barany, a sus 94 años, continúa activa como intérprete y traductora cinco días a la semana, una labor que ha ejercido por casi siete décadas. Lejos de pensar en el retiro, esta mujer australiana de origen húngaro ha dejado claro que la edad no es un impedimento para seguir dedicada a su vocación, una historia que fue compartida originalmente por el medio australiano SBS.

La idea de la jubilación forzosa se presentó por primera vez cuando Barany cumplió los 65 años. En ese entonces, trabajaba como intérprete para un servicio gubernamental de interpretación telefónica en Australia, un sector público donde la jubilación a esa edad era obligatoria. «Estaba devastada cuando cumplí 65 años», relató en el artículo de SBS. A pesar de sentir que su mente y cuerpo seguían jóvenes y capaces, y de que la gente aún necesitaba su ayuda, tuvo que retirarse de su puesto a tiempo completo. Recurrió a un sindicato y a un abogado, pero no encontró solución.

Sin embargo, Marta no se rindió. Decidida a seguir trabajando, encontró una alternativa en el trabajo freelance. Hoy, a sus 94 años, sigue prestando servicios de interpretación y traducción tanto en el sector privado como en el público, incluyendo el organismo de seguridad social australiano Centrelink, y no tiene planes de detenerse.

La vida de Marta Barany ha estado marcada por un profundo entendimiento de la comunicación y el desarraigo. Nació y creció en Hungría hasta los 12 años. En 1945, hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, huyó con sus padres a Alemania como refugiados, después de la ocupación soviética. Durante sus seis años de escuela en Alemania, ya dominaba el húngaro y sumó a su repertorio el alemán, inglés, latín y francés, habilidades que, según ella, le fueron inmensamente útiles más tarde.

En enero de 1951, con 18 años y como desplazada de guerra, llegó a Melbourne junto a su familia, tras 65 días de viaje. Recuerda vívidamente el calor que sintió al llegar a Bonegilla, un antiguo campamento militar en Victoria, entonces usado para procesar a los migrantes europeos de posguerra. Su vida en Australia comenzó en una carpa del ejército, debido a la saturación del campamento.

Su carrera como intérprete profesional se inició a fines de la década de 1950, cuando tenía poco menos de 30 años y ya era madre. La Revolución Húngara de 1956 trajo una nueva ola de migrantes húngaros a Australia, y la necesidad de un servicio comunitario de interpretación era evidente. Fue entonces cuando Marta se ofreció como voluntaria. «Creo que es importante que te entiendan como persona, poder decir lo que quieres decir y expresarte», explicó, subrayando la dificultad de lograrlo sin dominar el idioma local.

Entre sus muchos recuerdos, uno sobresale: una llamada que recibió una noche mientras trabajaba en el servicio telefónico de intérpretes del Departamento de Inmigración. Era de un hospital en una zona rural de Australia Occidental. Una joven estaba de parto, y Marta tuvo que interpretar para ella y el equipo médico, guiándola en cada momento y tranquilizándola. Cuando el bebé nació, tuvo la emocionante tarea de comunicar al esposo que era padre de «un hermoso bebé varón». Se sintió privilegiada de ser parte de ese momento tan íntimo y especial.

A lo largo de sus más de seis décadas de trayectoria, Marta Barany no solo ha interpretado, sino que también ha sido una constructora de puentes institucionales. Participó activamente en la creación de varios servicios de interpretación y traducción en Australia. Fue miembro fundadora del Telephone Community Interpreting Service y del Instituto Australiano de Intérpretes y Traductores, y contribuyó a establecer la Autoridad Nacional de Acreditación de Traductores e Intérpretes, así como la rama húngara de Caritas. Su compromiso también se extendió al Comité Olímpico Húngaro, que presidió durante los Juegos de Sídney 2000, y como comisionada de Asuntos Étnicos de Nueva Gales del Sur. Ha sido reconocida con la Medalla del Imperio Británico, la Medalla de la Orden de Australia y, este año, la Medalla de Intérpretes y Traductores.

Hoy, a sus 94 años, Barany sigue con su rutina de trabajo de tres a cuatro horas diarias, cinco días a la semana. «No tengo ningún plan de dejar de trabajar», afirma, «pero sé que será momento de hacerlo cuando mi mente se rinda. Intento trabajar todo lo que puedo y me siento con energía gracias a eso. Si mi mente funciona, yo sigo trabajando». Aunque en el pasado viajaba extensamente para interpretaciones presenciales en lugares como Cairns, Townsville, Brisbane o los tribunales de Adelaida, actualmente su labor se centra mayoritariamente en el teléfono y la videollamada. A pesar de que el alemán fue casi su segunda lengua materna, reconoce que se ha «oxidado», por lo que ahora interpreta principalmente entre húngaro e inglés.

Para Marta, su trabajo es más que un ingreso extra que complementa su pensión. «Mi trabajo me mantiene ocupada», concluyó en su relato para SBS. «La verdad es que no sabría qué hacer con mi mente si dejara de trabajar. Y sé que soy buena en mi trabajo, y que se me necesita». Su historia es un testimonio de la pasión y la determinación que trascienden cualquier expectativa de edad.

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