En un escenario de intensas negociaciones políticas y desafíos económicos, el presidente Javier Milei mantiene una comunicación discreta y directa con un miembro clave de la comitiva argentina en Estados Unidos. El objetivo central es acordar cada detalle del eventual festejo de la Selección, sin importar el resultado de la final ante España.
El mandatario protege celosamente su vínculo, distante pero sin fricciones, con el equipo de Scaloni. A diferencia de sus habituales enfrentamientos con la oposición, la prensa, empresarios o líderes internacionales, Milei evita cualquier roce con la figura de Lionel Messi, quien para el Gobierno es considerado «sagrado».
Desde la Residencia de Olivos, donde sigue el Mundial, Milei ha encargado al Ministerio de Seguridad la elaboración de propuestas para el operativo de protección y la celebración. Entre las opciones planteadas, se destaca un festejo en el balcón de la Casa Rosada, exclusivamente con los jugadores, frente a miles de personas en Plaza de Mayo. Para ello, se ofrecen vehículos oficiales, helicópteros y el helipuerto presidencial, situando a los futbolistas a solo 200 metros del balcón.
La otra alternativa considera un escenario en el Obelisco, bajo un imponente dispositivo de seguridad coordinado entre fuerzas nacionales y las policías porteña y bonaerense, buscando evitar el caos de 2022. En este esquema, los jugadores llegarían en helicóptero hasta la Rosada y serían luego custodiados hasta el monumento, eliminando la demorada caravana desde el aeropuerto de Ezeiza.
También se discute la fecha del festejo. Una posibilidad es el mismo lunes del arribo de los vuelos chárter, que traerán al plantel y sus familiares. La otra, para prevenir posibles lluvias o la llegada de la noche, sugiere que los jugadores descansen en el predio de la AFA en Ezeiza y celebren con la gente el martes. A su llegada a Ezeiza, el equipo recibirá una bienvenida de honor en un salón VIP, con la presencia de Granaderos y fuerzas de seguridad, aunque sin dirigentes políticos.
En todas estas decisiones, la voluntad de Lionel Messi resulta determinante. «El 10 digita todo», afirman quienes comparten el día a día con el plantel en Estados Unidos. Su opinión prevalece incluso sobre la del presidente de la AFA, Claudio Tapia, quien mantiene un buen diálogo con el astro y se muestra siempre a disposición, cuidando de no «irritarlo».
A pesar de las tensiones entre Milei y Tapia por las Sociedades Anónimas Deportivas (SAD) y las denuncias contra la AFA, ambos líderes coinciden en su admiración por Messi. Aunque no se conocen personalmente, Milei ha buscado preservar el vínculo institucional, expresando elogios y recibiendo una camiseta autografiada del Inter Miami. La Casa Rosada se mantiene en alerta ante cualquier posible fricción con el capitán.
Esta precaución se puso a prueba tras la victoria ante Inglaterra. Messi dedicó el triunfo al pueblo argentino, recordando a quienes «no llegan a fin de mes». El vocero presidencial, Adrián Ravier, contradijo estas declaraciones al día siguiente. Sin embargo, un comunicado posterior de la Oficina de Respuesta Oficial rectificó, validando las palabras del jugador y atribuyendo la situación económica al «kirchnerismo». El episodio puso de manifiesto los errores recurrentes de Ravier, quien lleva menos de un mes en su cargo.
Sin embargo, un traspié aún mayor sacudió al Gobierno con las declaraciones de Alejandra Monteoliva, ministra de Seguridad. Antes del partido contra Inglaterra, la ministra anunció que no se permitirían banderas ni elementos con mensajes políticos, y justificó la exclusión de personas que expresaran «las Malvinas son argentinas». Esta postura generó un profundo malestar en el Gabinete.
La tensión escaló cuando, tras la victoria argentina, varios jugadores, entre ellos Lo Celso, Cuti Romero y Lisandro Martínez, recogieron y desplegaron en el campo de juego una bandera con la consigna «Las Malvinas son argentinas». Esta bandera, improvisada por hinchas con una sábana y oculta durante el partido, dio la vuelta al mundo. La ministra Monteoliva quedó así «en off side» ante la opinión pública y el propio Gobierno.
La polémica no tardó en instalarse en la Casa Rosada, generando repudio de diversos sectores, incluyendo el peronismo, la oposición dialoguista, ex combatientes de Malvinas y la vicepresidenta Victoria Villarruel. Incluso desde la administración de Donald Trump, anfitriona del torneo, se hizo saber el respaldo a la «libertad» de los argentinos para reclamar la soberanía.
El tema Malvinas también provocó incidentes en el estadio. Tras la victoria, Matías Patanian, ejecutivo de Corporación América, tuvo un altercado a cuadras de la cancha con un grupo de ingleses que lo insultó y le mostró una foto del crucero General Belgrano hundido, derivando en empujones y la intervención policial.
La efervescencia generada por el Mundial y estos episodios desviaron la atención de dos noticias económicas relevantes para el Gobierno: la baja de la inflación al 1,9% en junio (llevando el primer semestre a 16,8%) y la continuidad de la compra de dólares por parte del Banco Central, que acumuló casi 13 mil millones desde el inicio del programa con el FMI. A pesar de estos indicadores, persisten las dudas sobre la «actividad» económica y el «humor de un sector de la sociedad», con preocupaciones electorales sobre el desempeño de Milei en un eventual balotaje.
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