Con vistas imponentes y senderos que recorren el bosque y la barda, el Parque Norte se postula como uno de los favoritos en Neuquén. (Foto: Matías Subat).
La ciudad de Neuquén creció vertiginosamente en los últimos años, con un ritmo frenético que se asimila al de los grandes centros urbanos del país. Sin embargo, todavía conserva cierta tranquilidad y espacios recreativos donde se puede huir del bullicio. Por fuera delde los corredores: el Parque Regional Bardas Norte.
Entre los colores flúor de la ropa deportiva, la jarilla y la estepa, surgen senderos que se adentran en el bosque o se extienden hacia las bardas. Sebastián y Lucas se encuentran en la Ruta 7 y salen a correr tres veces por semana. Siempre van juntos para motivarse. Viven lejos, pero les gusta ir especialmente al y escapar del ruido y las bocinas de los autos”.
Prefieren hacer ejercicio en las mañanas “porque no hay nadie” y, además, es el horario que les coincide a ambos frente a sus rutinas laborales. Corren para mantenerse saludables, “oxigenar la sangre” y practicar una actividad como amigos.
Parque Norte, testigo del crecimiento de Neuquén
Aldo va su ritmo, caminando tranquilo. Hace 10 años que recorre el circuito a diario, salvo algún imprevisto. Lo acompaña su perra Mila, que a veces acelera el paso y lo deja atrás. Oriundo de Neuquén, ha visto su cambio a lo largo del tiempo. Celebró que los distintos gobiernos comunales hayan “puesto en valor este hermoso parque de la ciudad”.
Hernán y Sonia también fueron testigos de esta transformación. La pareja es oriunda de Santiago de Chile, pero vive en la capital neuquina hace 50 años. Hoy, ambos jubilados, disfrutan de una caminata bajo el sol, un miércoles por la mañana. Junto al , el Parque Norte es uno de sus lugares favoritos para aprovechar cualquier día de la semana.
En otoño los colores se multiplican. Aún se conserva el verde de algunas hojas, intercalándose con el amarillo desgastado, hasta el rojizo particular de la estación, y el marrón casi anaranjado de la corteza de los árboles. Junto con el canto de los pájaros y la sorpresiva visita de un zorro gris, se configura un escenario idílico que, tal como asegura el eslogan de la Municipalidad, “enamora” a cualquiera.
Edith se fue de Neuquén hace dos años, pero siempre que puede regresa y no se va sin dar una larga caminata por el Parque Norte. Vivió en la localidad cerca de 40 años y ahora volvió a Pucón, la ciudad cordillerana de Chile que la vio nacer. Junto a su hermana, Edelmira, marchan a buen ritmo mientras conversan de la vida.
“¿Qué es lo que más me gusta? No sé, me gusta todo. Mirá lo que es esa arboleda”, comenta y señala el sendero que, a cada lado, lo enmarca una hilera de árboles que bordea la calle Jesús María. A sus espaldas, el Observatorio, la plaza y los niños jugando completan el paisaje.
Si bien es el parque favorito para correr y hacer trekking, también es un lindo espacio recreativo para ir con amigos o con la familia, tomar mates, comer algo rico y charlar. El “Balcón del Valle” deja una de las postales más hermosas de la ciudad. Hacia la derecha, la imagen de la capital neuquina con sus imponentes edificios; hacia el frente, su extensa vegetación, la bruma de la mañana y el rastro de Cipolletti; hacia la izquierda, los barrios que lindan con el río Neuquén hasta encontrarse con las bardas; hacia atrás, la Plaza de las Banderas.
Todo aquello se puede observar desde el mirador. La experiencia añade un plus si se la contempla al deslizarse por el tobogán o al subirse a una hamaca. Pero paciencia que se arma fila. Rodrigo y Valentina se cansaron de esperar y optaron por sentarse en uno de los bancos hacia la izquierda. “Por suerte hay opciones para elegir. Esto el fin de semana se llena”, comentaron.
Para que el Parque Norte conserve su magia, hay todo un equipo que trabaja a diario para mantenerlo. Vanesa y Johana comienzan la jornada bien temprano, a las 7 en otoño – invierno, recogiendo la basura que se prende a las espinas de los alpatacos. Luego, continúan con la poda, sobre todo en esta época, según mencionaron. Han trabajado en espacios verdes como plazas y también en oficinas, aunque no es lo que más les gusta. Prefieren el campo, el contacto con la naturaleza. “Siempre vuelvo al bosque”, aseguró Johana.
Rogaron a los corredores y visitantes que no arrojen basura y que “no se lleven las tapas”. Explicaron que utilizan un sistema de riego por tubos, que se divide por etapas y sectores, dada la magnitud del parque: si sacan la tapa de un sector que no le tocaba regarse, baja la presión del agua en el que sí tocaba.
Así, en este otoño y el invierno, no hace falta irse muy lejos para contemplar bellos paisajes y disfrutar de la naturaleza. En Parque Norte se puede encontrar un lugar donde confluye el deporte y las actividades recreativas. Una sugerencia de Matías, corredor habitual, es ir sin auriculares para escuchar el canto de los pájaros, conectar con el cuerpo y los pensamientos. Un momento para sentir el viento, respirar profundo, percibir los olores de los pinos y el aguaribay, llenar de aire los pulmones y seguir el camino hacia donde te lleve el sendero.
El guardián verde que protege a la ciudad: cómo nació el Parque Norte
La Municipalidad de Neuquén tiene claro que el Parque Norte es mucho más que un escenario lindo para correr. Es, ante todo, una obra de ingeniería ambiental pensada para proteger a la ciudad. Con los años se convirtió en uno de sus principales atractivos turísticos y recreativos.
“El parque tiene aproximadamente 300 hectáreas de superficie y fue creado como área protegida en la década del 90 para proteger el bosque Antonini y las bardas norte”, explicó Juan Manuel Andrés, coordinador general de la Subsecretaría de Turismo. Ese bosque fue implantado en los años 60 “para proteger la ciudad de aluviones de barro que caían desde la barda al centro en época de lluvia”, con un crédito de la FAO y de Nación que permitió instalar bombas y sistemas de riego.
Diego Cayol, secretario de Turismo, detalló que “todo lo que es conífera es implantado”. La función original del bosque fue “sostener la tierra de esa parte de la ciudad para que no fuera hacia el centro”. Con el tiempo, el lugar se transformó en pulmón verde y en espacio elegido para hacer actividad física.
Andrés señaló que en el parque “se ha ido generando un polo recreativo, deportivo y de aventura”, con senderos para trekking y running, pistas específicas para mountain bike y miradores interpretativos que brindan información sobre la geología, el bioma de monte y el uso social del valle del río Neuquén. Calculó que asisten “cerca de 5.000 personas por día” entre caminantes, corredores, ciclistas y quienes solo se acercan a mirar el paisaje o tomar mate.
Esa masividad requiere una gestión permanente. Cayol destacó que hay “una persona dedicada exclusivamente al mantenimiento del Parque Norte” y que en la preservación confluyen varias áreas: Espacios Verdes se ocupa del complejo sistema de riego por sectores; Servicios Públicos y Deportes mantienen los senderos y la circulación interna; y Turismo se encarga de la cartelería informativa, que sufre vandalismo recurrente.
La articulación con la Universidad Nacional del Comahue permitió integrar el Parque Universitario Provincia de Monte y el Balcón del Valle: “La gente no sabe dónde termina lo de la universidad y dónde empieza lo de la municipalidad, pero hoy el mobiliario, los senderos y las luminarias LED se unificaron”, indicó Cayol. Andrés agregó que incluso se planifica trasladar la pista de motocross fuera del área protegida y encarar luego “una recuperación ecológica del lugar”.
Desde Turismo también impulsan el uso educativo del espacio. La Subsecretaría organiza visitas guiadas gratuitas los jueves y viernes por el Bosque Antonini y, un par de veces al año, trekking interpretativo con cupos limitados para aprender sobre geología, flora y fauna. “La verdad que tiene una vida espectacular: deporte, astroturismo, recreación y naturaleza en un mismo lugar”, enfatizó Andrés.
