El periodista Nelson Castro visitó Neuquén para un desafío particular: dirigir la Orquesta Sinfónica local. Esta oportunidad lo conecta con una pasión musical arraigada desde su infancia, mantenida a lo largo de su vida profesional en periodismo y medicina.
En una entrevista exclusiva con Diario RÍO NEGRO, Castro abordó diversos temas: desde música y periodismo hasta inteligencia artificial, educación y su visión del país, incluyendo el futuro de Neuquén con Vaca Muerta. Subrayó que «Una orquesta sinfónica para una provincia, para una ciudad, es un tesoro cultural». Expresó su alegría por dirigir la orquesta, elogiando al director Andrés Tolcachir, a quien conoce hace dos décadas y destacó por su trayectoria (compañero de Dudamel, becario de Barenboim) y su proyecto musical y formativo en Neuquén.
Su vínculo con la música comenzó a los 9 años; a los 15 ya era profesor. Aunque el periodismo y la medicina fueron sus caminos, la música nunca fue abandonada. Hoy, combina ambas facetas «con felicidad», dedicando el escaso tiempo libre a la dirección, con interés en orquestas juveniles. Trazó un paralelo entre la dirección orquestal y la sociedad: «Hay que saber escuchar». Describió a la orquesta como un «fenómeno sociológico muy importante para la democracia», donde ochenta personas buscan unidad sin uniformidad, requiriendo coordinación, estudio e interacción.
Recordó un momento conmovedor durante su cobertura de la guerra en Ucrania: tocar el piano. Las imágenes impactaron, siendo reconocido por ello. Relató que Joaquín Morales Solá le contó que Magdalena Ruiz Guiñazú lloró de emoción, interpretándolo como un mensaje contra la guerra y un testimonio del valor universal de la música.
Su vocación periodística surgió en la niñez, a los 11 o 12 años, al escribir para el periódico escolar «Surco», sintiendo entonces: «Yo quiero hacer esto». Esta temprana claridad vocacional, junto con la medicina, fue fundamental en su vida.
Sobre el periodismo contemporáneo, atravesado por redes, tecnologías e inteligencia artificial, Castro lo ve como un «gran desafío y una gran oportunidad». Afirma que la necesidad de periodismo persistirá, exigiendo profesionales preparados y manteniendo la esencia de «buscar información e información cierta». En este «mar de información y contaminación», el periodista debe «descifrar eso y mostrarle a la gente contenidos absolutamente verificados y reales». Esto exige prudencia para no caer en «errores groseros» por la búsqueda de la primicia o la desinformación de la IA. Sostiene que «el periodismo no va a morir nunca», pero sí «sobrevivirán quienes lo ejerzan con calidad, seriedad y, fundamentalmente, rigurosidad», con la verdad como objetivo principal.
La educación argentina preocupa a Castro, quien la califica de «difícil e irregular». Lamenta que haya perdido su rol de «signo de igualación y ascenso social», pese al esfuerzo docente. Señala la falta de acceso a recursos modernos (idiomas, tecnología) y el deterioro en resultados de pruebas PISA, afectando incluso a escuelas de sectores no vulnerables.
Respecto a Neuquén, Castro notó un «desarrollo edilicio importante» y una «enorme oportunidad» con Vaca Muerta. El «gran desafío» es evitar que la provincia sea «nómada» o que este crecimiento sea «una golondrina de un largo verano», buscando generar «arraigo». Para ello, enfatiza la necesidad de buenos servicios, infraestructura (aeropuerto, autopistas, ferrocarril), escuelas, hospitales y universidades, que permitan a las familias establecerse y ver un futuro en la región.
Finalmente, sobre la situación política y económica del país, a Nelson Castro le preocupa que el Gobierno «no quiera mirar una parte de la realidad», ignorando datos existentes. Reconoce la capacidad argentina para generar divisas, pero subraya que «no todo el país es Vaca Muerta» y que se requiere diálogo para la transición de otros sectores productivos. Vaca Muerta, dice, «no alcanza para responder a todas las necesidades laborales del país». Ve una «oportunidad enorme» para Argentina, siempre que se acepten las realidades, se construyan consensos y se evite el «personalismo», al que considera «uno de los males del poder».