Neuquén despide a Emilio Zingoni (h): El legado familiar que marcó la Otorrinolaringología patagónica

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Neuquén despide a Emilio Zingoni (h): El legado familiar que marcó la Otorrinolaringología patagónica

La comunidad neuquina despide a un referente. El Dr. Emilio Fernando Zingoni, nacido en Buenos Aires el 30 de mayo de 1945, dejó una huella imborrable en la historia de la Norpatagonia. Su vida fue un homenaje constante a un legado familiar en la otorrinolaringología, iniciado por su padre, el Dr. Emilio Zingoni.

El Dr. Emilio Zingoni (padre), de raíces italianas de la Calabria en la provincia de Cosenza, fue una figura fundamental. Se casó con María Romana Caruso en 1943 y juntos formaron una familia con seis hijos: Emilio Fernando, Cristina Amalia (fallecida), María Cristina, Carlos Augusto, María Inés y María Elena. Tras culminar sus estudios de medicina, se especializó en otorrinolaringología bajo la guía de afamados profesores, trabajando en el Hospital Muñiz con el Profesor Mercandino, en el Instituto Lagleize y en el Instituto de O.R.L. del profesor Santiago Arauz (p) en la Capital Federal.

Su regreso a Neuquén fue significativo. Habiendo realizado previamente el curso de Oficial de Reserva en el Ejército, se reincorporó como Subteniente Cirujano de Reserva en 1946. En la tierra donde se asentaron sus padres, fue cofundador del actual Policlínico Neuquén, junto a otros reconocidos médicos. Su dedicación lo llevó a recorrer el Alto Valle, atendiendo pacientes en localidades como General Roca, Villa Regina, Plaza Huincul (en el Hospital de YPF) y Zapala. Su trascendencia fue reconocida al bautizar la Isla 132, en el límite sur de la capital neuquina, con su nombre, mediante la Ordenanza 13586/16, destacándolo como el primer otorrinolaringólogo de la Patagonia. Sus hijos Emilio Fernando y Carlos continuaron su labor.

Emilio Fernando Zingoni (hijo) creció en una casa paterna ubicada en Santiago del Estero, entre Carlos H. Rodríguez y Roca. Cursó sus estudios primarios en la antigua escuela N° 2, entonces situada en Avenida Argentina y Carlos H. Rodríguez, y los secundarios como alumno interno en el Colegio Salesiano “Domingo Savio” de General Roca. Posteriormente, se trasladó a La Plata para estudiar Medicina en la Universidad Nacional de La Plata, donde obtuvo su título en septiembre de 1970. Realizó su residencia en la Cátedra de Otorrinolaringología, bajo la dirección del Profesor Heraldo Tavella, antes de regresar a Neuquén para unirse al consultorio fundado por su padre.

Su carrera médica en Neuquén comenzó con un contrato con la Subsecretaría de Salud, lo que le permitió ejercer su especialidad en los hospitales de Neuquén, Centenario, Plottier, Picún Leufú, Piedra del Águila y Villa la Angostura. Fue un miembro activo de la Federación Argentina de Sociedades Otorrinolaringológicas y socio fundador de la Asociación Patagónica de Otorrinolaringología. Su currículum se enriqueció con la asistencia a numerosos cursos y congresos a lo largo de su trayectoria.

Entre sus contribuciones más destacadas, se encuentran las investigaciones termales que llevó a cabo en 1998 y 1999, con el respaldo de la Dirección de Termas de la Provincia del Neuquén y la colaboración de profesionales como la Sra. Ileana Lascaray, la Dra. Ana Klusch, la Dra. Ana Monasterio y el Dr. Julio Alberto Japaz. Estas investigaciones culminaron en su libro “Crenoterapia respiratoria” sobre las Termas de Copahue. En esta obra, Emilio Zingoni (hijo) buscó “darle una explicación alopática a un fenómeno natural, con acción sobre el organismo”, intentando integrar el “misticismo ancestral” de la “magia del Volcán Copahue” con “datos químicos y fisiológicos, trabajos presentados y experiencias propias en el contexto de la medicina actual”.

El libro también fue un espacio para dedicar palabras a su familia: sus hijos Sebastián, Leandro, Romina, Arianna, y sus nietos Felipe, Franco, Lorenzo, Juan Manuel y Tomás, así como a la memoria de sus padres. Fue un gran amigo de la infancia de Osvaldo Arabarco, autor de la letra del himno provincial, un vínculo que unió a dos figuras entrañables de Neuquén. En junio, Emilio Zingoni (hijo) partió de este plano, dejando una memoria imborrable de su excelencia profesional y su calidad humana. Un hombre virtuoso y agradecido con sus ancestros y maestros, de quienes escribió: “Desde pequeño y hasta la actualidad, se esforzaron para lograr en mí la perfección como profesional y hombre de bien”.

Hoy, Neuquén lo honra por haber dignificado la medicina local, llevando adelante el legado recibido de su padre. Su discreción, en contraste con su significativa contribución a la salud del valle, lo posiciona como un integrante más de la notable lista de figuras que han forjado la historia de nuestra región.

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