Neuquén: Dos Vidas Gemelas, Un Siglo de Historia Familiar y Raíces Inmigrantes

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Neuquén: Dos Vidas Gemelas, Un Siglo de Historia Familiar y Raíces Inmigrantes

Cada 4 de septiembre, al conmemorar el Día del Inmigrante, nuestra atención se dirige a las familias que con su esfuerzo forjaron las raíces de Neuquén a principios del siglo XX. Hoy, honramos el legado de los Arnaudo y los Choquich, símbolos de la tenacidad que marcó aquella época. Los abuelos Bartolo Arnaudo y Luisa Gianello, oriundos del Piamonte y Venecia, se casaron en Argentina y formaron una gran familia con siete hijos: Carlos, Victorio, Emilia, Carolina, Bartolo Luis, Juan y Santiago.

Fue en 1929 cuando Bartolo Luis Arnaudo arribó a Neuquén por ferrocarril, estableciéndose en la Diagonal Alvear, en un tiempo donde sus calles eran aún de tierra. Aquí, su hermana Carolina Arnaudo conocería a Blas Choquich. Nacido en Belgrado, Serbia, en 1900, Blas llegó a Argentina junto a dos hermanos antes del estallido de la Primera Guerra Mundial. Sus hermanos mayores encontraron empleo en Vías y Obras del Ferrocarril Sud en Bahía Blanca, donde Blas también se estableció tras un período en el norte del país. Como pintor de las casas ferroviarias, sus caminos se cruzaron con los de Carolina Arnaudo, quien vivía en una de esas viviendas. La historia cuenta que Blas, con sus silbidos de tango, lograba que Carolina se asomara a la ventana, sorteando las restricciones de la época.

Después de un noviazgo, Carolina y Blas contrajeron matrimonio y, a lo largo de los años, su vida los llevó por distintas localidades. Tuvieron seis hijos que, a su vez, formaron sus propias familias: Oscar, quien se casó con María Antonieta Escabece y tuvo tres hijos; Ethel, junto a José Freire, telegrafista, con quien tuvo tres hijos; Edith, que se unió a Donatti, también empleado del correo, y fue madre de nueve hijos; Heleana, conocida como «Negra», esposa del recordado locutor de LU 5 Norberto Salmini, con quien tuvo cinco hijos: Delia Teresa, José Norberto, Guillermo, Marcelo y Fernanda Raquel, sumando luego varios nietos. Raquel se casó con Gómez, enviudó, y luego contrajo segundas nupcias con Belloq, teniendo una hija, Patricia Analí Bellocq, quien le dio dos nietos. Finalmente, Marta, la única nacida en esta ciudad, se casó con Juan Chaar, telegrafista, con quien tuvo dos hijos y varios nietos. La numerosa descendencia de bisnietos enriquece y expande aún más esta historia familiar.

Ya en Neuquén, don Blas Choquich se desempeñó como taxista, una labor que le permitió conocer en profundidad las calles y a los habitantes de aquel incipiente poblado. Compartió la parada frente al Kiosco de Chaval, en Avenida Olascoaga y Sarmiento, con su colega Francisco Jurado. Fue allí donde conoció a Vicente Chrestía, quien lo invitó a trabajar como chapista y pintor en su Agencia Ford, ubicada entonces en Sarmiento 399. Junto a su hijo Oscar, acondicionaban los vehículos que pernoctaban en la ciudad durante las etapas de los grandes premios de automovilismo, lo que les brindó la oportunidad de conocer a figuras como Fangio, Kruuse y Heredia. Tiempo después, don Blas se independizó, construyendo su hogar y su propio taller en calle Río Negro. Siempre evocó con afecto a sus vecinos de entonces: Pascual Roza, los hermanos Chiarandon, Penroc, Frigo, Svitan y Opazo, entre otros. Mientras tanto, doña Carolina, con su espíritu solidario, cuidaba de los enfermos del barrio.

Más tarde, don Blas trasladó su taller a la calle Láinez. Fue en Bahía Blanca donde el matrimonio Choquich recibió a sus gemelas, nacidas el 27 de abril de 1930. Ada Raquel y Heleana, como se llamaron, cursaron la escuela primaria N° 2 y continuaron su formación en la Escuela Profesional de Mujeres, situada en una Diagonal Alvear cuyas calles conservaban su estado terroso. Ada Raquel, quien hasta hoy nos acompaña, se graduó como Maestra de Labores y Bordado. Su trayectoria educativa la llevó a la escuela 103 «Roger Balet», en el Barrio Confluencia, a la vera de la ex Ruta 22, para luego culminar su carrera en la escuela primaria N° 125, donde se jubiló. La escuela «Roger Balet» se distingue por su emblemático libro histórico, que relata la memoria de una institución levantada gracias al esfuerzo de sus vecinos, llevando el nombre de quien donó el terreno. Ada Raquel compartió las aulas de la legendaria escuela N° 125 con maestras que marcaron la educación neuquina del siglo XX.

La riqueza de esta historia familiar se ha tejido a través de la tradición oral, gracias a la memoria de sus descendientes. Fue Ada Raquel quien, en un encuentro alrededor de un té en casa de Beba Larravide hace algunos años, compartió los vívidos recuerdos que ahora se plasman en estas líneas. Hoy, evocamos su legado a través del testimonio de una nieta de don Blas y Carolina, e hija de Heleana, quien falleció hace dos años en septiembre. Tristemente, apenas cinco días después, su hermana Edith (Olga Edith) también partió. Estos hermosos y entrañables relatos nos permiten rendir homenaje a quienes fueron testigos y protagonistas del Neuquén que se construía, un Neuquén que sigue vivo en el corazón de quienes honran su memoria.

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