Neuquén: la ciencia forense desnuda un patrón de odio y sadismo en el transfemicidio de Azul

Escuchar esta noticia
Powered by Estudios Max
x1

Neuquén: la ciencia forense desnuda un patrón de odio y sadismo en el transfemicidio de Azul

Una jornada crucial se vivió en la Sala 12 de la Ciudad Judicial de Neuquén, donde el juicio por jurados contra Roberto Daniel Sánchez por el transfemicidio de Azul Semeñenko reveló detalles escalofriantes. Ante el jurado popular, el testimonio de un médico forense del Poder Judicial no solo pormenorizó las heridas mortales, sino que delineó un perfil criminológico del acusado, marcado por el odio, el sadismo y la deshumanización.

El médico forense Gabriel Jeréz, a cargo de la autopsia realizada en octubre del año pasado bajo estrictos protocolos con perspectiva de género, inició su declaración. Explicó que el cuerpo de Azul fue encontrado envuelto en plástico, sujeto con alambre y tela, sumergido y en un avanzado estado de putrefacción. Esta situación hizo indispensable la confirmación de su identidad mediante cotejos de ADN.

El análisis forense expuesto por Jeréz dibujó un cuadro de violencia extrema. En el cráneo de Azul, se registraron fracturas en la zona frontal izquierda, la mandíbula y el hueso malar (ubicado debajo del ojo). Para estas lesiones, el perito estimó que se aplicó una “fuerza brutal”, superior a los 200 kilos.

Además, se detectaron catorce lesiones punzocortantes entre el tórax y el abdomen. La lesión número 12, en la zona intercostal, fue descrita como “limpia y demostrativa de un gran impacto”. Las puñaladas que atravesaron el corazón y la arteria aorta poseían la entidad suficiente para causar la muerte de forma individual o conjunta en cuestión de minutos. El instinto de supervivencia de la víctima se manifestó en al menos siete lesiones defensivas, incluyendo una fractura significativa en la mano izquierda y cortes en los miembros superiores.

El punto más impactante del testimonio del Dr. Jeréz fue la categorización del crimen bajo el concepto criminológico de “overkill”. Esta tipología se refiere a una cantidad y tipo de lesiones que exceden con creces lo necesario para quitarle la vida a una persona. Jeréz subrayó que estos homicidios son “antiguos, raros y poco frecuentes”, citando como antecedente histórico las dinámicas de Jack el Destripador, y enfatizó que siempre conllevan una “carga de odio y desprecio absoluto hacia la víctima”.

El especialista indicó que en más del setenta por ciento de estos casos existe una vinculación con parafilias y la búsqueda de gratificación sexual a través del “piquerismo”, el acto de pinchar o infligir heridas punzocortantes. Jeréz explicó que el autor del crimen siguió un patrón que incluyó la captación de una persona en situación de vulnerabilidad, la satisfacción de impulsos violentos sin un detonante previo y la aplicación de una “conciencia forense” para ocultar el cadáver. “Escena planificada, captación, motivación de satisfacer un deseo, multiplicidad de lesiones con varios elementos y conciencia forense para ocultar el cuerpo: todos son elementos que nos llevan a pensar en un patrón de overkill vinculado al sadismo”, concluyó el forense ante las preguntas de la querella y la defensa ejercida por Ezequiel Leanza.

Por su parte, el licenciado en Criminalística Cristian Lepen presentó un análisis dinámico de la escena del crimen, la cual calificó como “atípica” y fragmentada en tres puntos clave. En primer lugar, señaló el lugar del hecho, la casa de Sánchez en Copahue al 1100; en segundo, el elemento de traslado, la camioneta del imputado que contenía sangre de Azul; y finalmente, el lugar del hallazgo, el canal de riego.

Previamente, también declaró el médico legal y neurocirujano Carlos Gordillo, quien examinó al imputado el día de su detención y constató que Sánchez presentaba escoriaciones por traumatismos recientes en el labio superior y en un brazo, lesiones que habrían sido posteriores al día del crimen.

El debate oral es conducido con la acusación a cargo del fiscal jefe Agustín García, la querella representada por los abogados Fernando Gómez y Shirley Sarasola, y la defensa técnica de Ezequiel Leanza. En las próximas jornadas, el tribunal popular, compuesto por doce ciudadanos, continuará evaluando el conjunto de pruebas, escuchas telefónicas y testimonios clave para determinar la responsabilidad penal de Roberto Daniel Sánchez.