Scaloni: De un debut en llanto al liderazgo que reinventó un club

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Scaloni: De un debut en llanto al liderazgo que reinventó un club

A sus diecinueve años, un joven Lionel Scaloni llegó al fútbol español en 1998. No fue a uno de los gigantes europeos, sino al modesto Real Club Deportivo de La Coruña, el ‘Dépor’, un club con una historia de casi un siglo pero entonces sumido en una profunda crisis y al borde del descenso a Segunda División. Recién llegado de Estudiantes de La Plata, Scaloni recaló en una ciudad gallega de 250 mil habitantes, donde el Atlántico domina el paisaje y el clima es inclemente, muy lejos de los focos que atraían a otros jóvenes talentos. En el vestíbulo de su hotel, un eslogan turístico le dio la bienvenida: ‘La Coruña, el lugar donde nadie es forastero’. Y, en ese instante, Lionel supo que así sería.

Su esperado debut se produjo el domingo 4 de enero de 1998, a las cinco de la tarde, en el estadio de Riazor. El Dépor se enfrentaba al Sporting de Gijón, un rival directo por la permanencia. Sin embargo, lo que se preveía como un inicio prometedor se convirtió en un inesperado revés a los tres minutos de juego. Un error defensivo del marroquí Naybet forzó una pena máxima y la expulsión del arquero Jacques Songo’o. El técnico se vio obligado a sacrificar a un jugador de campo para dar entrada al portero suplente. La elección fue Scaloni.

Así, el debut más corto de la historia del fútbol, de apenas 180 segundos, marcó a un Lionel que corrió hacia el banco con los ojos anegados en lágrimas, su familia conmovida en la tribuna. Fue un fracaso estrepitoso. El Sporting de Gijón anotó el penal, colocando el 0-1 en el minuto seis. Parecía un presagio de desastre. Pero tras unos minutos de llanto inconsolable, Scaloni se secó las lágrimas, se puso de pie y, desde el banco, comenzó a alentar a sus compañeros a viva voz, instando también a la tribuna a no perder la esperanza.

Ese gesto fue el inicio de una sorprendente remontada. En el minuto 70, Naybet enmendó su error y empató. Y en el minuto 94, el delantero uruguayo ‘Loco’ Abreu, otro refuerzo, anotó el gol de la victoria. El estadio de Riazor enloqueció. El Sporting de Gijón terminó descendiendo, pero el Dépor de Scaloni no solo se salvó, sino que fue el equipo que más puntos sumó en la segunda vuelta, goleó al FC Barcelona y logró un empate épico 2-2 contra el Real Madrid en el minuto 92, demostrando una moral renovada.

Aquel joven de 19 años transformó, con su liderazgo entusiasta, a un club hundido. Lionel Scaloni permaneció siete temporadas en La Coruña, desde 1998 hasta 2005. En apenas cuatro años (1998-2002), el Dépor consiguió más títulos importantes que en sus nueve décadas de historia: una Liga (2000), una Copa del Rey (2002) y dos Supercopas de España (2000 y 2002). En la cancha, Scaloni era un ejemplo de coraje contagioso; fuera de ella, un hombre carismático, humilde y de buen humor.

La Copa del Rey de 2002 fue el culmen. Real Madrid celebraba su centenario y la final se jugó en el Santiago Bernabéu. Contra todo pronóstico, y ante ochenta mil hinchas madridistas enmudecidos, el humilde Dépor de Scaloni venció 1-2 aquel 6 de marzo. Fue una lección de estrategia y ‘jogo bonito’ que la prensa bautizó como el ‘Centenariazo’. La gesta fue obra del técnico Javier Irureta y de la moral que Scaloni infundía en un vestuario de nombres desconocidos frente a un ‘dream team’ con Roberto Carlos, Figo, Makélélé, Zidane y Raúl.

Después llegaron años gloriosos en Europa. Con un presupuesto veinte veces menor que Real Madrid o Barcelona, el Dépor de Scaloni fue el primer club español en doblegar al Bayern de Múnich (2-3) y al Arsenal (0-2) en sus respectivos estadios. Protagonizó una remontada legendaria en Champions League, superando un 4-1 en contra ante el AC Milan con un 4-0 en casa, para alcanzar las semifinales en 2004 frente al Oporto de José Mourinho. Nunca un equipo tan modesto logró tanto.

Lionel nunca quiso dejar el Dépor, un club que amaba profundamente. Su marcha en 2006 al West Ham inglés, mediante una inusual cesión, fue forzada por el nuevo técnico Joaquín Caparrós, quien «no gustaba de los jugadores argentinos». Desde su partida, el Dépor no volvió a ganar títulos y, tras una década de vaivenes, regresará a Primera División en 2026.

La historia de Scaloni en La Coruña fue la forja de un liderazgo que rompió moldes. Frente al modelo de «liderar a» desde el poder y la distancia, él cultivó el «liderar en», es decir, desde el equipo, con el equipo y para el equipo. Su liderazgo no se asoció al dominio, sino al servicio y al cuidado, a la convicción de que el verdadero valor no está en ser admirado desde arriba, sino en estar en el centro, en ser considerado. No buscó estar por encima, sino sacar la mejor versión de cada compañero, partiendo de la humildad.

El autor de esta nota, testigo de aquel frío y lluvioso 4 de enero de 1998, vio a Scaloni correr hacia el banco con lágrimas, y poco después, arengar sin descanso a sus compañeros y a la tribuna, ignorando las indicaciones del árbitro suplente para que se sentara. Aquel día nacía, de forma humilde y genuina, un liderazgo que el tiempo demostraría revolucionario. Más allá de los resultados, el «liderazgo Scaloni 2.0» nos…

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