Stephen Miller, el nuevo jefe de gabinete del presidente Donald Trump, se erige como una figura central y uno de sus consejeros más influyentes. Reconocido por su postura férrea en política migratoria, Miller la concibe como una herramienta indispensable para, en sus propias palabras, «salvar la civilización occidental».
A sus 41 años, Miller no es un asesor en la sombra, a diferencia de su predecesora, Susie Wiles. Orgullosamente leal a Trump y al movimiento populista Make America Great Again (MAGA), se muestra cómodo tanto frente a los seguidores como ante las cámaras, y no elude los debates públicos. Su imagen impecable en trajes de corte clásico subraya su presencia constante.
Formado en la Universidad de Duke, donde estuvo al frente de un periódico estudiantil de corte conservador, Miller fue el artífice de la estrategia de decretos presidenciales ampliamente empleada por Trump. Sin vacilar, recurrió a legislaciones centenarias, incluso del siglo XIX, para respaldar acciones que van desde las redadas migratorias hasta la imposición de aranceles.
Su influencia se extendió al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE). Según reveló el Wall Street Journal, fue Miller quien este año dio instrucciones para aumentar la cifra de detenidos y deportados. Estas directrices desembocaron en controvertidas redadas migratorias, como la ocurrida el año pasado en una tienda Home Depot de Los Ángeles, que generó enfrentamientos entre manifestantes y agentes federales, y provocó que Trump ordenara el envío de miles de soldados.
Nacido en Santa Mónica, Los Ángeles, Miller no dudó en utilizar las redes sociales para confrontar a los demócratas que acusaban a Trump de autoritarismo. «Llevamos años diciendo que esta es una lucha para salvar la civilización. Cualquiera con ojos puede verlo», declaró. Más tarde, ante las críticas que reavivaron los tiroteos de dos personas por parte del ICE en Mineápolis a principios de este año, Miller persistió en su pedido de más detenciones. En un debate parlamentario sobre un proyecto legislativo el año pasado, advirtió: «Estaremos debatiendo estos asuntos sobre las ruinas de Occidente si no controlamos la migración».
A pesar de las turbulentas luchas internas que caracterizaron la primera Casa Blanca de Trump, Miller logró mantenerse al margen, conservando su lealtad inquebrantable, incluso a través del asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021.
En la segunda administración Trump, las ideas de Miller han permeado el discurso principal. «Yo llamo a Stephen ‘el cerebro de Trump'», afirmó el expresidente de la Cámara, el republicano Kevin McCarthy, al New York Times, poco antes de la toma de posesión en enero.
Su activismo impulsó, en particular, el uso de una oscura ley de guerra de 200 años de antigüedad para la deportación de migrantes indocumentados. Además, el 9 de mayo, causó revuelo entre la oposición al afirmar que la Casa Blanca estaba «evaluando» la suspensión del hábeas corpus para los migrantes sujetos a deportación.
Su prominencia solo se vio empañada cuando él y su esposa, Katie Miller, quedaron involucrados en la ruptura entre Trump y su asesor multimillonario Elon Musk. Katie Miller, asesora principal y portavoz en el Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE) de Musk, estaba, según informes de prensa, a punto de unirse a las empresas de Musk cuando este abandonó intempestivamente la Casa Blanca.