A pesar de su agenda ininterrumpida, que incluye intensas reuniones, ruedas de prensa y fines de semana dedicados al golf, la vitalidad de Donald Trump ha sido, hasta ahora, una constante. Sus médicos de la Casa Blanca han elogiado su energía y otros indicadores de salud positivos. Sin embargo, un factor empieza a generar creciente inquietud entre los profesionales de la salud: el notorio aumento de peso del expresidente.
Según reveló el diario The Washington Post, los facultativos de la Casa Blanca han recomendado a Trump —conocido por su preferencia por las hamburguesas y su aversión al ejercicio vigoroso— que se concentre en reducir su peso, mejore su dieta y mantenga una actividad física regular. Médicos externos han sido más categóricos, sugiriendo que el mandatario, quien tiene 80 años, estaría más seguro si lograra reducir su cintura.
“Sabemos que la obesidad es un importante factor de riesgo para numerosos problemas de salud, así como para la discapacidad y la muerte prematuras”, afirmó Scott Kahan, director del Centro Nacional para el Peso y el Bienestar y médico de la Universidad George Washington, en declaraciones al Post. Kahan enfatizó que “abordar la obesidad para proteger la salud del presidente debería ser una prioridad, al igual que garantizar la protección del Servicio Secreto para su vida”.
En los últimos meses, la salud de Trump ya había sido objeto de escrutinio por detalles como moretones en las manos, hinchazón en los tobillos y momentos de aparente somnolencia. A estas observaciones se suma ahora la preocupación por los 10,4 kilos que, al parecer, ha ganado desde su última campaña presidencial.
Los registros policiales de agosto de 2023, cuando fue imputado en Georgia por interferencia electoral, indicaban un peso de 97 kilos. Sin embargo, un informe médico de la Casa Blanca, publicado en mayo de este año, documentó un peso de 108 kilos. Dada su estatura de 1,90 metros, este incremento lo situaría a solo unos 7 kilos de ser clasificado nuevamente como “obeso”, categoría en la que ya se encontraba en 2019 y 2020.
Si bien la cifra de peso de 2023 ha generado cierto debate sobre su origen, la Casa Blanca confirmó un aumento de 6,35 kilos entre sus últimos chequeos médicos anuales, y las fotografías recientes del expresidente también sugieren una mayor corpulencia en comparación con el periodo de su campaña. Ronny Jackson, quien fue médico de Trump durante su primer mandato, escribió en sus memorias de 2022 que, aunque le aconsejó mejorar su alimentación y hacer ejercicio para perder peso, lo consideraba “en una forma física excepcional para su edad”. No obstante, expertos médicos coinciden en que el peso de Trump representa un factor de riesgo.
Este panorama se inserta en una realidad nacional, ya que más del 40% de los adultos en EE.UU. son obesos y otro 30% tienen sobrepeso, según datos federales. El secretario de Salud, Robert Kennedy Jr., y otros altos funcionarios han señalado que reducir el peso de la población es una prioridad de su campaña.
La situación adquiere un tinte paradójico al recordar la conocida obsesión de Trump con el peso ajeno, especialmente el de quienes percibía como rivales o sobre quienes hacía burlas. Él mismo ahora se acerca a una categoría que en el pasado usó para denigrar a otros. Entre sus comentarios, se refirió a la actriz y presentadora Rosie O’Donnell como una “cerda gorda”, y a la actriz Jennifer Lopez por tener un “culo gordo”. Sobre Kim Kardashian, opinó que no debería vestirse “como si pesara 54 kilos” mientras estaba embarazada. Incluso en las internas republicanas de 2024, ironizó sobre su rival, el exgobernador de Nueva Jersey, Chris Christie, diciendo: “No lo llamen cerdo gordo”.
¿Nadie ha roto el hielo todavía?
Tu opinión es importante para nosotros. Sé la primera persona en dejar un comentario.
Empezar conversación ahora