La Casa Blanca se prepara con meticulosidad para recibir al presidente chino, Xi Jinping, en una cumbre donde el despliegue protocolar será fastuoso. La guardia de honor militar ha estado ensayando y el recién instalado helipuerto de la Casa Blanca ya está listo. Sin embargo, la pregunta central que planea sobre este encuentro del 24 de septiembre es si Donald Trump y Xi Jinping lograrán ir más allá de la mera ceremonia para abordar las complejas disputas que marcan la relación entre ambas potencias.
Diversos frentes de fricción ensombrecen las conversaciones. La carrera por la supremacía en inteligencia artificial (IA) genera alertas de un posible «apocalipsis» tecnológico. La política de Trump hacia Irán y los intentos de China por eludir las sanciones estadounidenses también proyectan una larga sombra. A esto se suman las persistentes tensiones por la guerra comercial y el fantasma de un conflicto por Taiwán.
Las relaciones con Irán son un punto delicado. Informes previos sugirieron que Pekín habría entregado inteligencia a Teherán para un ataque contra tropas estadounidenses. Aunque Trump restó importancia a estas informaciones, afirmando que Xi se ha «comportado razonablemente bien» y reconociendo que «nosotros también los espiamos a ellos», el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, y su homólogo chino, He Lifeng, tienen previsto reunirse este fin de semana para discutir las sanciones.
En el ámbito de la inteligencia artificial, la competencia por el dominio es feroz, con ambos países temiendo quedarse atrás. Expertos consideran que un acuerdo significativo para cooperar en la regulación o ralentización de esta tecnología está «políticamente fuera de alcance por ahora», según Wang Dong, profesor de la Universidad de Pekín. Respecto a la guerra comercial, las dos mayores economías del mundo continúan buscando mitigar las consecuencias de los aranceles globales impuestos por Trump, aunque hay «margen para avanzar en aranceles, compras agrícolas y determinados controles a la exportación», apuntó Yue Su de Economist Intelligence Unit.
La amenaza de una guerra por Taiwán permanece como el tema más sensible entre Washington y Pekín. El temor a una invasión china de la isla, autogobernada y centro mundial de semiconductores, es constante. De hecho, durante la visita de Trump a Pekín en mayo pasado, Xi ya había advertido sobre un posible «conflicto» por Taiwán.
Las expectativas de resultados concretos son modestas. Jonathan Czin, del Instituto Brookings, declaró a la AFP que «no espero que salga gran cosa de esto», sugiriendo que el encuentro será más una «recapitulación» de la visita de Trump a Pekín, donde lo central fue la «aparente buena sintonía» entre ambos líderes, más que acuerdos sustanciales.
Parece que el presidente Trump está más interesado en la puesta en escena y el impacto visual del encuentro que en los detalles de las negociaciones. Kurt Campbell, exsubsecretario de Estado estadounidense y presidente de The Asia Group, calificó el evento como «menos una cumbre y más un espectáculo, diseñado para el consumo masivo del público».
La pompa ha sido cuidadosamente orquestada: Trump insistió en que el nuevo helipuerto en el jardín sur de la Casa Blanca estuviera listo a tiempo para la visita de Xi, que incluirá una gran cena de Estado. Las tropas han ensayado en la entrada de la Casa Blanca la ceremonia de bienvenida. Incluso, Trump romperá su costumbre al recibir a Xi directamente al bajar del avión, según informaciones de un funcionario de su gobierno.
La única «desilusión» expresada por Trump es que su salón de baile de 400 millones de dólares no estará listo. Pese a las bajas expectativas de acuerdos inmediatos, un posible resultado concreto de la cumbre podría ser el anuncio de futuras reuniones. Se espera que Trump y Xi se encuentren en noviembre en el foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) en Shenzhen, China, y una invitación de Trump a Xi para la cumbre del G20 en diciembre en su resort de Doral en Miami. El Kremlin también ha sugerido una posible reunión tripartita con el presidente ruso, Vladimir Putin.