Una fotografía amarillenta, oculta en un archivo militar durante casi nueve décadas, ha sido publicada por primera vez por EFE, revelando un conmovedor episodio de la Guerra Civil española. La imagen muestra a Ricardo Zamora, el legendario arquero del Real Madrid, Barcelona y Espanyol, en una pose serena, ajeno al destino que le aguardaba. Pero es el reverso de la instantánea lo que cuenta la verdadera historia.
En su dorso, una dedicatoria personal de Zamora desvela la identidad de su salvador: Pedro Luis de Gálvez, una figura singular de la bohemia madrileña del primer tercio del siglo XX. El guardameta le agradece haberle salvado la vida en los primeros meses del conflicto bélico (1936-1939).
Aunque el escritor Juan Manuel de Prada ya reprodujo el contenido de esta dedicatoria en su obra ‘Desgarrados y excéntricos’ (2001), la fotografía en sí permaneció en el Archivo General e Histórico del Ministerio español de Defensa. El texto, aún legible, reza:
«Con todo el agradecimiento a Pedro Luis de Gálvez, por todo cuanto hizo por mí, haciendo que resplandeciese la inocencia. De veras consta en esta todo mi afecto y amistad. De tantos miles de amigos que tengo, el único que entró en la celda a darme un abrazo y un beso fue Pedro Luis de Gálvez. Ricardo Zamora. 5 de noviembre de 1936».
El origen de la imagen se remonta a los primeros meses de 1936, cuando Martín Santos Yubero retrató a Zamora en su estudio de Madrid. Una de las placas originales, conservada en el Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, muestra al arquero en el viejo Chamartín, con su famosa gorra y las botas. La fotografía dedicada a Gálvez era una ampliación recortada de esta sesión.
En 1936, Zamora, conocido como El Divino, era un icono del fútbol español. Su popularidad, sin embargo, convivía con gestos que se prestaban a interpretaciones políticas diversas. Aunque se le vio animar a sus compañeros a responder con el puño en alto al saludo nazi de jugadores alemanes en un amistoso, también mantuvo silencio ante un ‘¡Viva la República!’ tras ganar la Copa, según el historiador Arnau González. Su vinculación como columnista del diario conservador y católico Ya lo convertía en una figura marcada en el Madrid de preguerra.
El estallido de la Guerra Civil cambió su vida. En agosto de 1936, periódicos como L’Echo de Paris y L’Auto, e incluso el general rebelde Gonzalo Queipo de Llano, difundieron la falsa noticia de su fusilamiento. Zamora, sin embargo, seguía vivo y escuchó estas noticias estando aún en libertad. A finales de septiembre, fue detenido e ingresó en la Cárcel Modelo de Madrid.
En un artículo publicado por Paris-Soir el 6 de marzo de 1937, Zamora relató su cautiverio, describiendo cómo los milicianos, aficionados al fútbol, le permitieron organizar partidos en el patio de la prisión. No obstante, en ese relato, Zamora atribuyó su liberación a gestiones de la embajada de Argentina y no mencionó a Pedro Luis de Gálvez.
Sin embargo, el escritor Ramón Gómez de la Serna, exiliado en Argentina, ofreció un testimonio diferente en La Nación. Según su versión, Gálvez irrumpió en la prisión, llevó a Zamora a un balcón ante presos y milicianos, y exclamó: «He aquí Ricardo Zamora, el gran jugador internacional de fútbol. Es mi amigo y muchas veces me dio de comer. Está preso aquí y esto es una injusticia. Que nadie le toque un pelo de la ropa. Yo lo prohíbo». Gómez de la Serna añadió que Gálvez lo abrazó y besó, repitiendo su nombre. Dos días después, Zamora fue liberado, y Gálvez le exigió una fotografía dedicada con la frase: «A Pedro Luis Gálvez, el único hombre que me ha besado en la cárcel».
La fotografía rescatada por EFE confirma que la dedicatoria existió, aunque Zamora optó por un texto más extenso de agradecimiento. Esta imagen se convertiría en una prueba crucial.
Tras la Guerra Civil, Pedro Luis de Gálvez fue acusado por el franquismo de participar en asesinatos y detenciones. En su defensa, negó gran parte de las acusaciones y sostuvo haber salvado vidas, incluyendo la de Zamora. Presentó la fotografía como prueba de su amistad y ayuda, pero no fue suficiente. El consejo de guerra lo declaró culpable y fue fusilado el 30 de abril de 1940. La fotografía, incorporada a su sumario, se mantuvo en el olvido, esperando ser redescubierta.
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