Cuando Marcelo Gallardo puso fin a su exitosa etapa 2014-2022 en River Plate, la opinión generalizada lo situaba al mando de alguno de los gigantes europeos, como Barcelona, Real Madrid o PSG. El desgaste de energías y la entrega absoluta a su labor en el club lo llevaron a priorizar el descanso y recuperar el tiempo postergado en su vida personal y familiar, una decisión lógica tras años de intensa dedicación profesional.
Sin embargo, los llamados de los grandes de Europa no llegaron, y Gallardo optó por no considerar equipos de menor envergadura. Fue entonces cuando sorprendió al aceptar un desafío en el fútbol árabe, asumiendo la dirección técnica del Al Ittihad.
Esa experiencia resultó efímera y compleja. Duró aproximadamente seis meses, culminando con su salida en medio de un sonado conflicto con la estrella Karim Benzema y sin haber logrado los objetivos deportivos planteados.
Contra todo pronóstico, y más rápido de lo esperado, Marcelo Gallardo regresó a River. Esta nueva versión del entrenador resultó desconcertante para muchos. Durante 18 meses, el equipo no consiguió títulos y mostró un rendimiento irreconocible: faltó juego asociado, la intensidad característica se diluyó, la recuperación alta no era efectiva, la defensa se mostró frágil y la capacidad para revertir resultados desapareció.
Durante este período, Gallardo pareció perder su habitual claridad. No lograba acertar con las formaciones ni con los refuerzos, y la mejora de los jugadores, sello distintivo de su etapa anterior, se ausentó. Sus cambios en los partidos no generaban el impacto deseado, dando la impresión de que había perdido el ‘ojo del tigre’ que lo caracterizó.
Hoy, el panorama es diferente. Con River sin entrenador y la selección nacional con su director técnico anunciando su partida a fin de año, ni el propio Gallardo se plantea aspirar a esos cargos de élite. Su futuro inmediato apunta a una selección sudamericana: Ecuador, dejando de lado las opciones de Brasil o Uruguay.
En Ecuador, Gallardo tomará el lugar previamente ocupado por Gustavo Alfaro y Sebastián Beccacece, quienes buscaron afianzar un salto de calidad en el equipo. Si bien cuenta con buenos jugadores, la ambición de esta selección es más contenida: aspirar a ubicarse entre los cuatro mejores de Conmebol y alcanzar los octavos de final en un Mundial. Es un paso diferente, que perfila a este ‘otro’ Gallardo en una búsqueda de reinvención, intentando recuperar la esencia de aquellos años gloriosos con River.
¿Nadie ha roto el hielo todavía?
Tu opinión es importante para nosotros. Sé la primera persona en dejar un comentario.
Empezar conversación ahora