Vaca Muerta: la cruda paradoja de una riqueza que elude a Neuquén

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Vaca Muerta: la cruda paradoja de una riqueza que elude a Neuquén

La distribución de la renta petrolera se ha convertido en el centro del debate económico regional, especialmente con el crecimiento acelerado de Vaca Muerta. A pesar de los récords mensuales de producción que celebra la industria, una realidad financiera compleja tensiona las arcas provinciales y municipales: las ganancias del recurso están lejos de ser equitativas para sus dueños originarios.

Un analista económico explicó la estructura de costos e ingresos de la actividad hidrocarburífera en la cuenca neuquina. Tomando como referencia teórica un barril de petróleo comercializado a 100 dólares –para simplificar el análisis del Brent, que hoy ronda los 80 dólares–, el esquema revela una fuerte concentración de capital a nivel nacional.

De esos 100 dólares por barril, 30 se destinan a costos de producción (logística, insumos, servicios y salarios). Otros 30 dólares representan el margen de rentabilidad promedio para las empresas operadoras. De los 40 dólares restantes, el Estado nacional absorbe 27 en concepto de tributos directos e indirectos, como retenciones a las exportaciones, Impuesto a las Ganancias, IVA y el impuesto al cheque.

A la provincia de Neuquén le ingresan apenas 13 dólares por regalías, históricamente fijadas en torno al 12%. La situación es aún más delicada para los municipios neuquinos, que reciben, vía coparticipación provincial, el equivalente a solo 60 centavos de dólar por cada barril extraído de su territorio.

Este desequilibrio distributivo se agrava con el actual escenario político. El Estado nacional, que recauda el 27% del valor de cada barril producido en Neuquén, ha cortado drásticamente las transferencias hacia la provincia desde diciembre de 2023.

La paralización de la obra pública, la eliminación del Fondo Nacional de Incentivo Docente (FONID) y el freno a los fondos para rutas y caminos obligan a las administraciones locales a cubrir demandas gigantescas con presupuestos muy acotados. Como ejemplo de este déficit, se mencionó que la ciudad de Neuquén aún tiene cerca de 3.000 cuadras sin asfaltar y una urgente necesidad de ampliar sus redes cloacales, obras vitales que no pueden financiarse con 60 centavos por barril.

Neuquén avanza hacia un nivel de exportación sostenido, con proyecciones de superar el millón de barriles diarios a mediano plazo (actualmente, la producción provincial promedia los 400.000 barriles por día). Ante este volumen, el debate de fondo se centra en cómo utilizar la renta de un recurso no renovable para evitar que las localidades terminen convertidas en “pueblos fantasma”, una realidad ya vista en enclaves mineros de Chile o antiguos yacimientos del sur argentino, donde la riqueza se extrajo sin diversificar la matriz económica local.

Para dejar atrás este esquema extractivista básico, los especialistas enfatizan que Neuquén necesita dar el salto hacia la industrialización en origen. La instalación de destilerías, refinerías y plantas productoras de fertilizantes como la urea permitiría agregar valor en la provincia, generar empleo de calidad y retener una porción mucho mayor de los ingresos. Al mismo tiempo, se plantea el desafío de rediscutir el marco normativo nacional para exigir que el gobierno central reinvierta en infraestructura local, al menos una parte proporcional de los dólares que se lleva de la Patagonia.

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