Vigilancia costera: el saber de la UNCo que protege lo que comemos

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11.PNGEl fenómeno de la marea roja representa un riesgo sanitario invisible: la proliferación de microalgas tóxicas puede contaminar cholgas, mejillones y almejas sin alterar su apariencia. Consumir estos moluscos afectados puede causar intoxicaciones graves. Para prevenirlo, el Centro de Investigación Aplicada y Transferencia de Tecnología en Recursos Marinos (CIMAS), dependiente de la Universidad Nacional del Comahue (UNCo), lleva adelante un sistema de vigilancia ambiental que protege tanto la salud pública como la economía pesquera.

“El foco está puesto en la marea roja, porque es ahí donde se cruzan la salud pública y la ecología marina”, explicó Fausto Firstater, biólogo y director del CIMAS. Agregó que “las microalgas no se ven a simple vista, pero pueden estar presentes en el agua y ser consumidas por los mariscos. Por eso tomamos muestras tanto de organismos como del entorno marino”.

Cada semana, el equipo técnico del CIMAS, integrado principalmente por no docentes de la UNCo, realiza muestreos en cuatro zonas marisqueras: Orengo, Villarino, El Buque y Puerto Lobos. Las muestras de agua y organismos se analizan en laboratorio para detectar toxinas antes de que ingresen a la cadena alimentaria. Esta tarea garantiza la seguridad del consumo y sostiene la actividad pesquera local.

El sistema de vigilancia se desarrolla a través de un convenio con el gobierno de Río Negro y articula el conocimiento científico de la UNCo y el CONICET, consolidando un modelo de ciencia aplicada que responde a las necesidades del territorio y de la producción regional.

Lo que hacemos es vigilar, pero también acompañar. La ciencia tiene que estar al servicio de la comunidad, y eso implica estar presentes en el territorio, escuchar a los productores y anticipar problemas”, subrayó Firstater.

Desde el laboratorio hasta el mar, el trabajo del CIMAS demuestra cómo la universidad pública puede ser protagonista en la gestión ambiental y la seguridad alimentaria. La vigilancia costera que impulsa la UNCo no solo protege lo que comemos, sino también la biodiversidad y el modo de vida de las comunidades pesqueras del litoral rionegrino.