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Vox dinamita los puentes con la Iglesia antes de la visita del Papa

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Vox dinamita los puentes con la Iglesia antes de la visita del Papa

La ultraderecha acusa a los obispos de «hacer negocio» con la inmigración y amenaza con criticar a León XIV si en su discurso ante el Congreso avala la regularización de migrantes, mientras un sector del episcopado ya trabaja con la hipótesis de un Gobierno PP-Vox

Los obispos critican la “prioridad nacional” del pacto PP y Vox y acusan a Abascal de injuriarles

“Algunos (obispos) que hacen negocio con la inmigración ilegal deberían salir del palacio y bajar a ver las consecuencias que tiene para los españoles. Para la sanidad, la seguridad, los salarios y los impuestos”. El presidente de Vox, Santiago Abascal, arremetía la pasada semana contra la Conferencia Episcopal, después de que el obispo de Canarias criticara con dureza la “prioridad nacional” auspiciada en los pactos de la extrema derecha con el PP, e invitara a los responsables políticos a “meterse cinco días en un cayuco” antes de identificar inmigración con delincuencia.

El exabrupto de Abascal fue el penúltimo (este mismo lunes, el portavoz nacional de Vox, José Antonio Fúster, sugería que algunos obispos deberían pasearse por un barrio de mayoría islámica de Bruselas) de una larga serie de desencuentros entre los obispos y la ultraderecha española, que se han recrudecido en los últimos meses y que, según ha podido saber elDiario.es, podrían tener su punto más álgido durante la visita del Papa a España, prevista para los días del 6 al 12 de junio.

En concreto, todos los focos están puestos en la esperada comparecencia de León XIV en una sesión conjunta del Congreso y el Senado prevista para el 8 de junio en la Cámara Baja y en la que se confía en que Prevost lance un mensaje en defensa de la paz y de la acogida a los migrantes. También, en la visita (adelantada por Religión Digital) que el Papa hará a la iglesia de San Agustí en el Raval, un barrio que la ultraderecha definió como “estercolero multicultural”.

De hecho, en una reciente entrevista para El Debate, Abascal confirmó que acudirá al Congreso a “escuchar al Papa, un líder espiritual que reza por la paz en el mundo”, aunque lanzó una advertencia: “Ahora bien, si un líder religioso, sea el Dalai Lama, el Papa, un rabino, un obispo, un cardenal, nos da igual, nos dice que tenemos que aceptar un proceso de inmigración masiva y un avance del islamismo en la sociedad, nosotros vamos a decir ‘No’”.

Detrás de Abascal, una fotografía del líder de Vox con el cardenal Robert Sarah, uno de los purpurados más ultraconservadores de la ya de por sí conservadora Curia vaticana, además de uno de los adversarios más incisivos del fallecido Papa Francisco.

El fin de la luna de miel

Y es que, en los últimos tiempos, la ‘luna de miel’ que advertían algunos sectores de Iglesia ante el ascenso de un partido que, para muchos, defendía las esencias del catolicismo (oposición al aborto, defensa de la familia tradicional y de los valores cristianos frente a una supuesta persecución a lo religioso), se ha terminado.

Atrás quedaron los días en los que el presidente de la Conferencia Episcopal, Luis Argüello, presentaba el libro del filósofo de cabecera de Vox, Quintana Paz, junto al propio Abascal, que este jueves acusaba al líder de los obispos de no atreverse “a criticar al gobierno mafioso. Porque el gobierno le proporciona su negocio con la invasión. Y esa es su prioridad: el negocio”.

“Es un momento extraño para los obispos”, sostiene uno de ellos, que admite que, entre sus compañeros en el episcopado, “hay muchos que ya trabajan pensando en un futuro a medio plazo con un gobierno PP-Vox, intentando tender puentes”, especialmente en lo tocante a la guerra cultural.

Fuentes eclesiales también apuntan la “preocupación” de Vox, compartida por parte de los obispos, por la posible utilización del viaje del Papa que podría hacer el Gobierno. La postura de León XIV ante la guerra de Irán y Líbano o el genocidio en Gaza, unida a la cuestión migratoria, “van a ser utilizadas por Sánchez, sin duda”. El sector más renovador, por su parte, confía en que “no llegue la sangre al río” y “nadie olvide que el Papa viene como el pastor de una Iglesia, pero también como jefe de Estado”.

El ataque a la Iglesia no es algo exclusivo de la cúpula de Vox. El antiguo dirigente de Ciudadanos, vinculado ahora a la Fundación Disenso, Marcos de Quinto, se sumaba a las críticas, denunciando la “cobardía de la jerarquía”, y exigiendo a los creyentes que “dejen de poner la X en la casilla a favor de la Iglesia en el IRPF. ¡Que se la ponga Bolaños!”, aseguraba en su X.

En el mensaje, De Quinto hacía referencia al otro gran punto de discordia en las relaciones de la ultraderecha: la resignificación (“profanación”, lo llaman ellos) de Cuelgamuros. Por cierto, también haciendo referencia al purpurado ultra que se hace fotos con Abascal. “¿Quién es ‘más cristiano’, el que apoya lo que dice el cardenal Sarah o el que acepta que nuestra Conferencia Episcopal silbe y mire hacia otro lado mientras se profana el Valle de los Caídos y se abren las fronteras al islamismo?”, se pregunta el ex político, quien sostiene que “Franco consiguió detener los asesinatos de religiosos en el 36, y Juan de Austria, en Lepanto, salvó a Europa del islamismo. ¿Serán capaces los de la Conferencia Episcopal de ponerse del lado de los asesinos del Frente Popular y también del de Alí Pashá, comandante de la flota otomana?”.

Los benedictinos se debaten entre la retirada de su recurso contra la resignificación acordada entre el Gobierno y el Vaticano y el riesgo de que el Ejecutivo, harto, rompa el acuerdo y, con la futura extinción de la Fundación de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, fuerce la expulsión de los monjes. Algo que ni Roma ni Moncloa quieren que suceda

En su deriva ideológica, Vox no está solo. Grupos como Abogados Cristianos o Hazte Oír han llevado hasta la sala de prensa de la Conferencia Episcopal sus preguntas (como sucede en el Congreso, últimamente se permite la acreditación en Añastro no solo de personas que no son periodistas, sino que no representan a ningún medio de comunicación) sobre Cuelgamuros.

Como sucediera hace un año, la pasada semana se volvió a convocar un escrache a los obispos. Mientras tanto, los benedictinos se debaten entre la retirada de su recurso contra la resignificación acordada entre el Gobierno y el Vaticano y el riesgo de que el Ejecutivo, harto, rompa el acuerdo y, con la futura extinción de la Fundación de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, fuerce la expulsión de los monjes. Algo que ni Roma ni Moncloa quieren que suceda. Y menos, con la inminencia de la visita del Papa. Desde la Santa Sede se ha pedido que este tema esté solucionado antes de la llegada de Prevost a Madrid el 6 de junio.

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